12/2/26

(...)

¿Cómo enfrentar...

...un presente que no ofrece certezas...

...y un futuro sin promesas?

30/1/26

Luz

No escribo esto para buscar validación, sino sentido. No busco consuelo, sino encontrar rumbo. Rumbo que, aparentemente, nadie me puede indicar. No porque no puedan en un sentido de jerarquización nefasta; sino porque nadie podemos decirle a otro cómo caminar por el mundo.

Veo el dolor del mundo. De mis seres queridos. Y me pregunto qué puedo hacer para aliviarlo. No por ellos ni en su nombre. No para ser un salvador, sino un impulso, un descanso, un refugio, una luz.

Pero me veo hablando desde mi camino. Una vida privilegiada que ha marcado mi experiencia cotidiana y que no se ajusta a la realidad de casi nadie. Y me veo diciendo, aconsejando, pensando cosas que no resuelven, agobian.

Toma más agua, date tiempo para descansar, come bien.

Declaraciones que más que ayudar, sentencian. Recuerdan las desigualdades brutales que nos atraviesan, que no todos tenemos el privilegio de tomar más agua, descansar y comer bien. Claro, eso ayudaría. Pero ¿cómo hacerlo si toda tu energía está en sobrevivir? ¿Cómo comer bien, descansar y tomar agua si todo tu tiempo está puesto en sostener la precariedad?

Entonces viene el otro lado. No es tu culpa, es el sistema. No es que no le eches ganas, es el mundo que te aplasta.

Otras declaraciones que más que ayudar, sentencian. Estamos inermes ante un mundo que nos supera, que nos masacra lentamente. O sobrevivimos a duras penas en el juego o dejamos de jugarlo. Claro, habría que cambiar las reglas, pero eso toma años y el hambre, el sueño y la enfermedad no esperan, carcomen minuto a minuto. Claro, hay que cambiar el sistema, pero ¿quién quita la sed y el hambre que abruman el ahora?

La terrible paradoja de tener que vivir el momento presente en un mundo donde las transformaciones que nos permitan vivirlo plenamente tomarán décadas. Un presente que no llega, una idea que solo aleja discursivamente la posibilidad de estar bien hoy.

Haz esto, haz aquello, estos cambios en tu vida. ¿Cómo si no hay tiempo ni fuerza porque el mundo las devora? Cambia el sistema, lucha por una vida plena. ¿Pero eso como alivia mi miedo, hambre y enfermedad del ahora?

¿Nos rendimos ante lo inevitable? ¿Reconocemos que, aunque haya mucho que hacer, no se puede hacer? Claro que se puede, hay quienes tenemos la posibilidad, pero ¿eso como alivia a los que no pueden? ¿Cómo ayudamos al presente si todo lo que hacemos es para el futuro? ¿De qué sirve lo que hacemos si ni siquiera sabemos si quedará alguien que lo aproveche? ¿Nos embriagamos de esperanza en el mañana y renunciamos a atender el hoy? ¿Nos desgastamos hasta el colapso intentando sortear un hoy que no promete mañanas?

¿Cuál es la postura más ética para alguien que puede trabajar por quienes vienen, pero parece que no para quienes ya están acá? ¿Qué hacemos, qué decimos, cómo actuamos? ¿Nos deslindamos del sufrimiento ajeno pensando que no es nuestra responsabilidad solucionarlo? ¿Nos reconocemos como privilegiados y, por tanto, con el deber ético de si no ayudar, al menos no empeorar el mundo? ¿Nos volvemos fantasmas que no actúan para no dejar las cosas peor? ¿Aprovechamos nuestra vida desde la gratitud frívola y el sabernos minúsculos e impotentes ante los dramas que nos rodean?

¿Hasta dónde llega nuestra posibilidad de hacer? ¿Actúa en lo inmediato? ¿En lo trascendente? ¿O ni siquiera nos corresponde hacer algo?

Que hago.

Que hago para ayudar a aliviar un dolor que tomará años curar, si es que se puede curar, pero que rompe y destroza hoy, a cada segundo.

La anestesia no cura un hueso roto, pero lo hace soportable. Curar un hueso roto toma meses, pero el dolor es insoportable.

¿Cómo ser anestesia y escayola al mismo tiempo?

¿O ni siquiera es mi responsabilidad? ¿Quién soy yo para ayudar? ¿Por qué creo que tendría que hacer algo para el mundo? ¿Por qué creo que puedo hacer algo para el mundo? ¿Dónde y como se traza la línea entre lo que está en mis manos y lo que no? ¿En lo que sí puedo hacer y lo que ya no me corresponde? ¿Qué me corresponde? ¿Qué de todo este desastre me toca limpiar a mí? ¿Es poco? ¿Es mucho? ¿Ayudo en algo o mejor me quedo en una esquina?

Por ahora, me limito a caminar. Intentando no pisar las pequeñas flores del camino. Intentando regar las que puedo, sabiendo que es insuficiente, preguntándome si tal vez lo que necesitan es otra cosa y no agua, queriendo creer que sirve de algo.

Aunque en lo profundo, no lo sepa en realidad e incluso me pregunte si no lo estoy empeorando, o si podría haber hecho algo distinto, o más, o hubiera sido mejor no haber hecho nada.

No quiero ser un héroe, no busco la satisfacción de saber que ayudé y resolví. No lo hago desde la búsqueda de reconocimiento, desde el ego.

Lo intento porque me duele. E intento aliviar mi dolor. Porque creo que puedo aliviarlo. Porque si no creyera que puedo, lo único que quedaría es resignarme, ya sea a vivir en la oscuridad o cerrar los ojos para no verla.

¿Cómo ser luz, si no tengo luz para alumbrarme?

7/10/25

Poesía nocturna XVI

 Esa sensación de vértigo...

...al experimentar el presente...

...y ser conscientes... 

...de que es lo único que existe...

...ni pasado, ni futuro...

...solo un presente que se esfuma...

...y que así como surge...

...regresa a la infinita oscuridad.


Ahí a dónde todos iremos un día.

Al profundo silencio de la eternidad.

Seremos sombras.

Pero hoy.

Somos.

22/9/25

Guajolote y gallina

Pueblos de las Américas, de la del norte, la del centro y la del sur. La ibérica, la latina y la hispánica. Pueblos hechos de masacres y catástrofes, de amores prohibidos, de rebeldes e insurgentes, de flores, de aves, de frutas, de lenguas y cantos. De poemas y lágrimas, de guerras y bailes, de todos los colores de la tierra y del cielo.

Todos los continentes encontraron en este suelo un hogar, heredado, deseado, robado o impuesto. Defendido con las armas, con arengas, con tambores, con leyendas. Cimentado en la lucha contra la imposición y la destrucción del mundo. Tierra para encontrar la libertad arrebatada por las manos de quienes se creían superiores por su color de piel. Patria para construir un futuro lleno de esperanzas.

Pueblos hechos de todas las direcciones de la brújula, agua y fuego, vírgenes y nahuales, mezcla de mezclas, sacrificios humanos, tesoros enterrados, selvas impenetrables. Todas las telas, cerámicas, maderas e industrias. Minerales preciosos, tintes, esculturas, fósiles y montañas nevadas. Ámbar, copal, ranas y tormentas. Puertos protegidos contra los piratas, planicies ocupadas por ganado, sembradíos de coca y marihuana.

Somos todo, el mundo entero reunido, intentando hacerse uno de miles de partes. Eternos extraños en nuestra propia casa. Terremotos, volcanes y huracanes. Incontables nombres y realidades. Hijos e hijas de esclavos, viajeros, conquistadores y pueblos en resistencia. Cruce de caminos donde se aparece el diablo para tentarnos con maravillas. Sangre de inocentes, dictaduras, desaparecidos y campos fertilizados con huesos y llantos.

Somos la muerte que se ríe de los vivos y la vida que se ríe de la muerte. Intelectuales de todas las ciencias, hogar de telescopios, laboratorios, artistas, bosques de pinos y desiertos vetustos. Ancestros, fantasmas, niños durmiendo en la cima de los Andes. Creados en el horno del elitismo, racismo y machismo. Cuna del capitalismo.

Con padres ausentes, violencia y abandono. De madres y abuelas con estrellas en los ojos y tibieza en el pecho. Hechos del amor a la tierra, a los árboles, a la fe en un mundo mejor. De solidaridad en la desgracia, de fortaleza inacabable, de cansancio, miradas apagadas, arrugas en las manos, alimentos que reconfortan el alma.

Campo de pruebas del colonialismo y el imperialismo. Luchas por la libertad desconocida pero añorada. Caminantes sin rumbo, pero que andan sin detenerse. Agua fresca de manantial, mosquitos, serpientes, ceibas, añil, salinas y conchas marinas.

Donde el pasado remoto y el porvenir se tocan, palimpsesto de miles de historias olvidadas, mundos que no terminan de morir ni de nacer, quimera con cara de jaguar y ojos de obsidiana.

Pueblos de las Américas, de todas ellas. Donde la historia de la humanidad implosiona y se cierra sobre sí misma. Semillas y cadáveres. Mosaico y caleidoscopio. Permanente transformación de lo inmutable. Somos los que estuvieron y los que estarán. Somos todos los afluentes del río de la vida, singularidad, remolino y forja. Mestizos entre los mestizos, alebrijes, cuento polifónico, cadáver exquisito.

Calabazas, cacao y maíz.
Caballo, trigo, quinoa, venado.
Café, caña y bananos.

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