22/9/25
Guajolote y gallina
11/3/25
¿Qué está pasando?
29/12/24
A.B.R.
13/7/23
Caramelo envenenado
¿Será que todavía vienes de visita a leer lo que escribo? Porque yo sé que lo hacías, me consta. No tengo duda alguna de ello.
Y si fuera así, ¿Me lo dirías? ¿Cómo saberlo? ¿Sabrías que
te estoy escribiendo a ti? ¿A tis? A tis, no a ustedes, a tis, porque no sé si te
escribo a ti o a otra persona o a una mezcla de varias que se funden en una
sola idea quimérica que se presenta con varios rostros.
Caramelo envenenado. Así te (o tes) nombré un día, porque me
encanta la metáfora.
Caramelo envenenado. Dulce potencialmente letal; antojo con
alta probabilidad de ser dañino; deseo inalcanzable, no por imposibilidad, sino
porque hacerlo sería negligente y tal vez estúpido.
Tal vez... Y no sé si quiero comprobarlo.
Pero sí se que transitas mis sueños, en tus múltiples
formas, porque eres tú y eres más personas, todas juntas en una misma idea. Un
deseo que clama por ser satisfecho de manera fugaz y puntual. Que tal vez un día regrese,
o que con una vez sea suficiente.
¿Será, si es que lees esto, que sepas que te escribo a ti? Y
si lo supieras, ¿me lo dirías? Me dirías que exagero, tal vez. Me dirías que
nunca va a pasar, tal vez. Me dirías que lo haga, tal vez. No lo sé. Y no sé si
quiero comprobarlo.
¿Qué haría teniéndote en mi boca? ¿Escupirte y salvar mi
alma? ¿Disfrutar del dulce sabor de la muerte? No lo sé. ¿Acaso tú lo sabes?
Te escribo esto con esperanza de que aún me leas. Para que sepas
que rondas los salones de mis recuerdos. Un fantasma que aparece de manera
recurrente. Un demonio que no logro exorcizar. Un ciclo que no termina de
cerrar. Una herida que no termina de sanar. O más bien, que quiero volver a
abrir.
¿Te llenaría de orgullo? ¿De vergüenza? ¿De rabia? Saber que
una parte de mí se niega a terminar de soltarte para que te hundas en el mar
del pasado y el olvido. Que me resisto a buscarte, esperando que seas tú quien llegue.
Porque sí, quiero. Quiero, pero sé que hay peligro. ¿Lo hay?
¿Y si solo es mi pensamiento catastrófico? Mi ansiedad y pesimismo. O es mi
experiencia y precaución. Tenue línea, casi imposible de discernir de qué lado
camina uno.
Espero nunca leas estas palabras. No sé que haría si lo
hicieras. Si lo haces y me dices que sabes que eres tú o tús. Si un día te
presentas a mi puerta asegurándome que no hay nada que temer, que estoy siendo
irracional, que me deje caer al vacío, a la oscuridad, esperando lo mejor.
Caramelo envenenado. Si estás leyendo esto, o si no, ya te lo
he dicho todo.
18/1/23
Manifiesto de la ternura radical
Ternura: dígase de algo que tiene calidad de tierno. Sentimiento de cariño entrañable.
Tierno: que se
deforma fácilmente, reciente, propenso al llanto, afectuoso, cariñoso, amable, delicado,
suave.
Radical: que pertenece o es relativo
a la raíz, fundamental, esencial, total, completo.
Ternura Radical: poner la ternura, es decir, el amor, el
cariño, la suavidad, la delicadeza, la amabilidad, como principio fundamental, raíz
y esencia de todo lo que hacemos. Ser radicalmente tiernos entre nosotros, con
nosotros mismos, con el cosmos y con todo y todos los que nos rodean.
Ser radicalmente tiernos implica mostrarnos vulnerables,
suaves, amables, pero eso no significa estar desprotegidos, porque amar es
proteger y protegerse, ya que cuidamos y protegemos aquello que amamos. Es
trabajar por el bien de todos y de todo, luchar contra aquello que provenga desde
la imposición, contra todo lo que destruye, separa y lastima. De ahí que, por
definición, la ternura radical no se puede imponer, porque la imposición no
viene del amor, viene del deseo de control. Debe ser una invitación, tender la
mano esperando que la tomen, pero sabiendo que puede que la rechacen y, aceptarlo
desde el amor a la libertad.
Ser radicalmente tiernos es poner el amor como eje, como
cimiento de toda acción hacia los otros y hacia nosotros mismos, siempre
buscando el equilibrio, ya que poner al afuera por encima de nosotros o
ponernos nosotros por encima del afuera no es amor. Habrá momentos en que tendremos
que ser egoístas o dejar de lado nuestro egoísmo, donde no importa qué hagamos,
saldremos lastimados o lastimaremos a alguien, porque toda acción tiene un
efecto, no siempre deseado, pero podemos hacer el intento de actuar buscando el
bien mayor o el mal menor.
Ser radicalmente tiernos es entonces una invitación a
cuidarnos, protegernos, procurarnos, a nosotros como colectivo y a nosotros
como personas, porque amarnos significa negociar entre cuidarnos y cuidarlos,
el adentro y el afuera. Porque ultimadamente somos cuerpo, carne, mente y
espíritu en unidad, que debemos cuidar para poder cuidar al resto. Una casa sin
techo ni ventanas, con muros a punto de venirse abajo, no es buen refugio.
Seamos refugio, un refugio cálido y abierto, para nosotros y para los otros.
Ser radicalmente tiernos con todos no significa siempre
poner la otra mejilla, hacer la vista gorda ante las ofensas, solapar o
aguantar comportamientos dañinos. Si bien todos merecen ser tratados con amor,
el amor debe ser correspondido. Si ese amor es respondido con injurias, la
acción más tierna que podemos tomar es apartarnos, por amor y protección
propia. Alejarnos de aquello y aquellos que nos lastiman o lastiman a los otros
también es protegernos. Se hace la invitación a la ternura, pero si esta se
rechaza, no se insiste.
Cuando se habla de amor, amor como principio fundamental, es
un amor con agencia, porque el amor es un proceso, es algo que se construye,
adapta y modifica. El amor no es objetivo ni destino, es camino, es acción, el
amor se ejerce cotidianamente. El amor no se logra, no se alcanza, sino que se
hace, todos los días, a partir de las acciones. El amor a veces duele y
lastima, a veces tendremos que poner nuestro amor propio por encima del amor a los demás o
viceversa. El amor no lo puede todo, pero todo se puede hacer con amor.
Ser radicalmente tiernos, siendo la ternura parte del amor y
el amor un proceso cotidiano, hace que este sea una actitud utópica y
revolucionaria, presente, cotidiana y permanente, que se hace desde el hoy y no
espera, desde el aquí y el ahora, porque busca construir el mañana en vez de
esperar a que éste llegue. Se es radicalmente tierno hoy, en este momento y en
todos los momentos, para que mañana también lo seamos.
Ser radicalmente tiernos también implica aceptar que habrá
momentos que tendremos que dejar ir y atravesar el duelo, porque el duelo es
otra cara del amor. El dolor de haber amado y perdido, de seguir amando algo o
alguien que ha partido. Porque el amor se acaba, y forzarlo no es amor. En ese
duelo y dejar ir también entra el aceptar que somos imperfectos, perdonarnos,
tratarnos con cariño, ayudarnos a crecer y a aprender, a mejorar, a levantarnos,
como lo hacemos con los demás. También el aceptar que habrá veces en que no
podremos ser radicalmente tiernos, que nos ganará la oscuridad que nos habita.
Pero reconocerla, aceptarla y, desde la ternura radical, irla llenando de luz,
tanto como se pueda, para poder ser, cada vez más y por más tiempo, radicalmente
tiernos.
Así, esta es una invitación a sumarse a un movimiento utópico
y revolucionario, por ser permanente y presente. Una invitación a actuar con
amor ante todo y ante todos como principio fundamental de acción, a protegernos, procurarnos y refugiarnos. Una invitación a luchar contra lo que
lastima y destruye, a construir el bien común, a negociar, a soltar, a atravesar
duelos, a perdonar, a comprender.
Es pues, una invitación a ser radicalmente tiernos.
6/12/22
6/12/2012
Hola,__! Te escribo para ponerte al tanto de las novedades, ya que hace rato que no te escribo.
Sigo en Christchurch. Finalmente tengo trabajo estable, casa
y amigos que son geniales. Ahora trabajo en una planta de reciclaje, procesando
los escombros del terremoto de hace dos años. Creo que eso ya te lo había
contado, pero bueno. El punto es que recién me pasó algo bien raro.
Me encontré conmigo mismo en la cocina de un sueño o en el
sueño de un sueño donde cocinaba, no lo recuerdo muy bien. Sabía que ese otro con perfos, con ropa que nunca había visto pero que me sonaba
familiar, como algo que usaría, era yo. Un yo de otro tiempo, del futuro. Diez
años, eso me dijo. “Han pasado diez años desde la última vez que nos vimos,
aunque en realidad nos vemos diario, pero... tú me entiendes.” Lo entendí, como
las cosas que se entienden en los sueños. Solo lo sabes, no sabes cómo es que
sabes, pero sabes.
Recuerdo parte de lo que platicamos y a más pasan
los minutos, más se van perdiendo los detalles, por eso quiero escribirte esto,
para no olvidarlo. Si tan solo pudiéramos grabar los sueños, especialmente los
que son importantes. Porque creo que este sueño fue importante, es más, tal vez
no fue un sueño y de verdad me encontré en algún otro plano o dimensión. O tal
vez en diez años domine la proyección astral. Se lo debí preguntar... me lo debí
preguntar.
Los dos estábamos en la cocina, cocinando, obviamente. Yo
estaba haciendo espagueti y él, calabacitas. Que raro, porque no me imagino cocinando
calabacitas, pero quien sabe, el caso es que eso cocinaba él... o yo. Pongámosle
él sabiendo que él soy yo, pero del futuro. Tú entiendes. Él andaba “grifo” (marihuano.
Primera vez que escucho el término). Me ofreció de su pipa, pero como siempre,
no sentí nada. Me dijo que me iba a tardar un poco más en que me hiciera
efecto, que tenía que probarla más veces, pero que no me preocupara, que
faltaba menos de lo que pensaba. Supongo que lo seguiré intentando hasta que
funcione.
Estuvimos platicando de muchas cosas, más que nada de cosas
que él ya no recordaba. Como la vez que quemé el cojín de un banco que tenemos
aquí en la sala por ponerle una olla caliente encima y tuve que ponerle una
playera como forro. Pero después de un
rato se quedó callado y mirándome fijamente. Sonreía mucho y en un punto hasta
se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas. Me dijo cosas que voy a intentar
transcribir, aunque no recuerdo sus palabras exactas. Además, hablaba muy raro...
Pero bueno, esto es lo que me acuerdo:
Wey, eres un cabrón. Te estás rifando como no tienes una
idea. Lo presientes, pero aún no eres capaz de comprender lo importante que
está siendo todo esto que estás haciendo. Esto va a abrirte una cantidad de puertas, ventanas, coladeras, bóvedas y almacenes que no te
imaginas. Andar este camino en el que estás ahora es la mejor decisión que has
tomado. Tal vez los sueños que tienes hoy no se materialicen, pero el futuro
que tendrás será maravilloso.
Sé que ahorita te sientes confundido y perdido. Y te lo digo, wey. Vas bien. Vas perfecto. Así como vas. Y en
un punto te darás cuenta de que es la mejor manera de estar, perdido, porque
ese es el único momento donde te vas a encontrar a ti mismo.
Si me preguntas si la vas a seguir cagando, sí y mucho. Vas
a seguir sintiéndote mal, sí, un buen rato. Vas a seguir perdido, confundido,
sí, sin duda. Pero we, todo va a estar bien. Todo va a salir. Vas a encontrar
personas hermosas en el camino, vas a vivir cosas increíbles, vas a crecer como
no tienes una idea. Sí, seguro que mucho de lo que estás viviendo muchas otras
personas también lo han vivido, pero la combinación de experiencias
que estás adquiriendo es bastante peculiar y te va a permitir ver cosas desde
lugares bien distintos.
Por ejemplo, con tus jefes (se refería a mis papás), esto te
va a ayudar a tomar distancia y revalorar tu relación con ellos. Va a cambiar
mucho esa relación y, de hecho, no va a mejorar mucho en los próximos años. Aún
te faltan muchas cosas que trabajar, pero ya, después de que pase tiempo y
distancia, irán asentándose las cosas en su lugar.
No sabes todo lo que te falta por atravesar. Va a ser duro y
va a seguir siendo duro, pero sabrás salir, como siempre. Sin saber muy bien
que chingados estás haciendo, pero caminando sin detenerte, metiéndote donde se
pueda, entre las ramas, aunque salgas raspado, pero siempre pa’delante, como
siempre. E insisto, la vas a seguir cagando, claro que sí. Crees que has
cometido errores? Nambre, los que te faltan! Pero vas a salir, al menos hasta
el momento así ha sido.
Eres un cabrón, we. Neta. No sabes el valor que tienes y te
lo digo como alguien que ha madurado y envejecido. Y no lo digo así como de “ah,
soy tu mayor y sé más que tú”. No. Madurar está de la verga, al chile. La neta
es que ahora me dan más miedo más cosas, pero justo, porque cuando era tú le
jugaba mucho al vergas. Pero justo eso me ha hecho quien soy. Quien serás. No
pierdas la rebeldía, a pesar de que te hagas más miedoso.
Tú sigue así. Y me dirás “como así?” y sé que te enredarás
con tus ideas y tu cabeza y te harás un pinche nudo. Pero we, así somos. Así.
Justo así. Te lo digo, es algo con lo que vas a seguir lidiando un buen rato,
pero poco a poco irás sabiendo manejarlo. Ahí la llevamos, nos ha tomado
tiempo, pero ahí vamos. Mejorando, mejorando.
También, te vas a seguir peleando con tus emociones. Sí,
eres muy sensible, pero no tienes inteligencia emocional. No tienes ni los
conceptos ni las habilidades para dominar todo eso que te desborda. Y ya sé que
vas a salir con un “pero no quiero dominar eso, las emociones se viven, los
sentimientos importa vivirlos...” y demás cursilería romántica que,
afortunadamente, no hemos perdido. Más bien piénsalo como que es un super
poder. Igual tu capacidad analítica que termina enredándote en un perro nudo
indescifrable. Son super poderes que te van a hacer llegar muy lejos, pero que
tienes que aprender a controlar para utilizarlos a tu favor sin lastimarte ni
lastimar a nadie en el proceso. De nada te sirve todo ese poder si no lo sabes
manejar chido. Pero relax, que poco a poco irás hallando la manera.
Pero esto es mucho discurso que seguramente vas a olvidar. Así
que quiero que te quedes con dos cosas (Y esto sí lo transcribo literal, letra
a letra, porque es lo único que recuerdo perfectamente):
Uno. Eres un cabrón, un rifado, un chingón, tienes unos
pinches huevotes que no veas y una buena suerte que parece deus ex machina.
Dos. Las cosas van a salir bien. Al final todo sale bien.
Mucho drama intermedio, al principio y también al final, pero hasta este
momento, todo ha salido bien, mejor de lo que esperaba.
Después de eso, me dijo que le podía hacer tres preguntas y
que él me las respondería.
La primera pregunta la hice sobre nuestra amistad, o sea, tuya
y mía. Él solo se rio y me dijo “Te mamas wey, pero obviamente no podía no preguntarme
eso, verdad? Bueno, pues, pasó lo que tenía que pasar. Tú ya sabes qué va a
pasar, aunque no lo quieras ver. Y justo eso es lo que pasó” La verdad es que
no entendí muy bien su respuesta y actitud. Yo espero que se refiera a que
seguiremos siendo mejores amigos mucho más tiempo.
Mi segunda pregunta fue sobre Larisa y me dijo “Vívelo a
tope. Húndete hasta el fondo, pero sal a respirar a tiempo”. No entendí muy bien y tampoco fue muy
alentador, la verdad.
Mi tercera pregunta fue si había algo importante que tuviera
que saber o un consejo o algo y me dijo “No. Lo que tienes que saber, ya lo
sabes y lo que aún no sabes, no estás listo para saberlo”.
Luego me dijo que ya se tenía que ir. Que la vida de adulto irresponsable
(así lo dijo él) lo llamaba de regreso y que el “trip” (viaje, supongo) ya no
le iba a dar para más. Me dio un abrazo y me dijo “estoy muy orgulloso de ti y
de quien fui” y salió de la cocina con su plato de calabacitas y su pipa.
Fue raro, pero a la vez fue bastante agradable. Me sentí cuidado.
No sé cómo explicarlo. Pero verme así, feliz, diferente pero igual, recibirme
así... no sé, fue lindo, sabes? Supongo que también me siento orgulloso de ver
en quién me voy a convertir, si es que llego a ser él. Te digo, creo que fue un
sueño importante o tal vez no fue un sueño, no lo sé. Pero espero un día verme
así, sentirme así, ser así. Quién sabe qué me pasó, pero quiero vivirlo. Aunque
no sé si de verdad voy a poder hacerlo. Tal vez solo fue eso, un sueño. En
realidad, no creo que llegue a ser él, o como él, pero bueno, si tiene razón, entonces
voy bien, supongo.
Pero bueno, hasta aquí mi carta de hoy. Espero me cuentes
como has estado, hace mucho que ya no me escribes ni respondes las cartas que te escribo.
Abrazos desde el fin del mundo. Te quiero __!
NW.
27/5/22
13/7/21
Dejar de ser, comenzar a estar
Estos meses me he preguntado constantemente, ¿Qué vida es la que quisiera tener? Evidentemente ésta, precisamente ésta, no es esa vida, pero ¿Cuál? ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento cambiar el mundo, concentrémonos en cambiar mi mundo.
Recuerdo aquellos días donde no había más futuro que el
mañana, si acaso, la próxima semana. Donde diario tenía que ir a comprar algo de
comer porque todas mis posesiones, todo lo material, lo tenía que poder llevar
conmigo día con día. Recuerdo aquellas noches, donde lo único que me preocupaba
era que iba a desayunar. Recuerdo aquellos días, donde no sabía de qué iba a
vivir, pero igual no me preocupaba. Era cuestión de esperar, sentado, jugando
billar en una mesa terriblemente inclinada, a que me llamaran, a que dijeran
que necesitaban gente para descargar un barco, para limpiar una calle, para
cargar Tablaroca.
Pero claro, vivía en otro lado, en otro mundo, acá no es
tan fácil ¿O sí? ¿No será a acaso que me han convencido de eso? De que aquí no
es tan fácil. Pero igual lo veo, lo veo con la gente viviendo al día, viviendo
en el puro presente, sin más futuro que mañana. Y, ¿No acaso también lo he
hecho en este mundo? Por menos tiempo y en otras condiciones, eso es verdad, pero igual lo he hecho,
muchas veces. Cargando con todo lo que tengo, día con día, a la orilla del mar o
entre las montañas desérticas.
Pero ¡Qué incertidumbre! ¿Y si pasa algo? ¿Cómo o con qué
vas a enfrentar los imprevistos, las emergencias, los desastres? – Se escuchó a
lo lejos, en el fondo de mi mente – ¿Cómo vas a enfrentar la vejez? ¿La
enfermedad? ¿La soledad? ¿Y si alguien necesita de tu ayuda y no tienes los
medios o los recursos? ¿Qué vas a hacer cuando tus padres estén viejos? ¿Cuándo
tu ya no puedas trabajar? ¿De qué vas a vivir? ¿Qué vas a hacer?
Nada de eso me lo preguntaba en aquellos días bajo el sol austral
o bajo la tormenta tropical y, si lo hacía, esas voces no eran tan estridentes
como lo son ahora que no me han dejado dormir por meses, que me han llevado a
consumir sustancias para intentar apagar mi mente, sólo para poder ganar unas
horas de sueño, no para descansar, porque despierto igual de cansado, sino para
evadir el terror de no saber responder esas preguntas. Un tiempo fuera de la
realidad, desconectarme por un instante para no terminar de caer en la desesperación
desgarradora y peligrosa que probé en otros tiempos y que dejó marcas, ahora
casi desvanecidas, en mis hombros.
Sería renunciar a un plan de vida, a un futuro trazado, a una
expectativa, a un arduo camino, a una construcción empezada. Dar la vuelta y
abandonar todo por lo que, según yo, he trabajado estos últimos años… pero, la
verdad, es que igual no hay futuro. No importa cuánto me esfuerce, el futuro está
casi en su totalidad fuera de mi control ¿Quién hubiera dicho que esto estaría
pasando(nos)?
Recuerdo como en esos días no tenía más pasado que
experiencias encadenadas. Donde había estado y que había hecho, mas no quien
era yo o quien había sido.
Tal vez mis recuerdos me mienten. Es seguro que lo hacen. La
memoria se acomoda, se resignifica y reconstruye, pero no tenemos otra cosa. Si
eso ayuda a dar sentido, a movernos hacia adelante, a seguir andando, entonces,
qué más da si es inexacta, si es un cuento que nos inventamos. Al final del día
todos son cuentos e historias, mitos y poemas.
Entonces, ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento el
mundo y su gente, el sufrimiento, la injusticia y el dolor. Sólo por un
instante, entra en ti, mírate y dime lo que quieres.
Quiero vivir sin futuro. Quiero vivir sin pasado. Olvidar quien
fui, solo recordar donde estuve. Soltar el
futuro, confiar en que lo que sea que se atraviese, sabré resolverlo o habrá
alguien que me ayude o que al menos encontraré la paz suficiente para afrontar
la muerte inevitable. Dejar de temerle a ese dolor tan intenso y terrible que
destrozó mi espíritu hace unos meses, sabiendo que no habrá manera de evitarlo
y, por tanto, no hay caso en tenerle miedo. Cerrar los ojos, respirar hondo y
dejar que el tren me pase por encima.
Quiero dejar de ser y comenzar a estar, sólo hoy, si acaso
mañana, a lo mucho la próxima semana.
¡Cuánta incertidumbre! – se escuchó una vez más
Al contrario. Tengo la certeza de que no tengo certezas, en
vez de creer que las tengo, aferrándome al humo, a futuros que se me escapan
entre los dedos con cada nuevo día que llega.
Vivir sin futuro, sin pasado.
¡Vas a arruinar toda tu vida! – gritó
¿Acaso no la estoy arruinando ya? ¿Acaso esto que siento es
vida? ¿Esta es la vida que quiero? ¿De verdad quiero seguir así, sin dormir,
sin pensar en otra cosa que el miedo, en ansiedad, en depresión, en muerte? Podría
ser peor, por su puesto, pero al menos que sea la vida la que me ponga ahí, no
yo mismo.
¿Cómo es que olvidé todo eso? ¿Cómo me dejé tragar una vez
más por el “qué será”?
Te veo y lo recuerdo. Me obligas a recordarlo. Porque no quiero que estés donde estoy, porque no quiero que llegues hasta este punto. Y, cuando pienso en qué decirte, aunque no te diga nada, me obligo a decírmelo a mí mismo y a darme cuenta de todo lo que olvidé, todo lo que extraño, todo lo que aprendí y que dejé de aplicar. Me haces recordar el camino, me hacer volver sobre mis pasos y darme cuenta de que, en algún momento, me perdí. Pero aún no es tarde, porque lo he recordado, y, ahora, puedo caminar una vez más por el sendero
Claro, se dice fácil. Yo que lo he tenido todo, que he
enfrentado a penas una fracción de lo que tú vives día con día. Se dice fácil
olvidar el futuro, como si estuviera romantizando la vida de incertidumbre, inseguridad,
precariedad… No, para nada. Es terrible, es duro, es injusto, pero para cambiar
eso hay que cambiar el mundo. Hoy necesito tomarme una pausa de ese proyecto
para cambiar mi mundo, poder estar bien para poder ayudar a los demás, y, fue
en ese estado, donde tenía certeza de que no tenía más futuro que mañana, esos
momentos donde el presente era lo único que existía, cuando mejor me he
sentido, cuando más fuerte he sido. Hoy estoy entumecido, oxidado, congelado en
el confort. Pero, es que qué rica es la comodidad, eso es innegable, pero, te
enmoheces y atrofias, como los enfermos que se mantienen postrados durante
tanto tiempo que se llenan de pústulas y llagas, se debilitan y terminan siendo
un cascarón vacío, un cuerpo degradado…
Pero ¿Cómo dejar de pensar en el futuro? ¿Cómo detener o ralentizar
una máquina que te has dedicado a perfeccionar durante décadas para que trabaje
de manera totalmente eficiente y sin detenerse un solo instante? Es como si
quisieras debilitar un músculo que has fortalecido toda tu vida – Me cuestionó.
Eso crees, pero te equivocas. Piensa en los comics. Piensa
en la Bruja. Su problema era que era demasiado poderosa y sus poderes podían
destruir el mundo y destruirla a ella misma. La salida fácil es matar a la
bruja, ella misma intentó deshacerse de ese poder, pero hay otra vía: aprender
a controlar dicho poder. Eso es aún más difícil, requiere de aún más trabajo.
Pasar de la fuerza bruta a la coordinación fina, de poder derribar una muralla
con un solo martillazo a poder enhebrar una aguja al primer intento. Tienes la
fuerza bruta, te falta saber cuando y como usarla y cuando y como ponerle
pausa.
No será fácil, pero este es un buen primer paso y, si algo
hemos aprendido, y si algo no nos hemos dejado olvidar es que nada te puede
detener y, ahora, con esa nueva adquisición en tu pecho, que siempre hay más
camino que recorrer, pieza por pieza, paso a paso.
Ya estamos dando esos pasos. Ahora, no te detengas.
Deja de ser, comienza a estar.
Deja de aferrarte al pasado o al futuro, cae al vacío del
presente.
Vuela pajarillo, vuela lejos.
Te perdiste, pero aquí estaré, esperándote.
Te quiero, T.
Atentamente: N.W.
3/6/21
Hasta el final [La generación del Apocalipsis VII]
2/12/20
Tengo miedo de morir
21/10/20
Que así sea
18/9/20
Poesía nocturna X
Para tenerte te tengo que extrañar...
...ya el tiempo lo dirá.
...no regresé.
Razones no faltan...
...ni para aquello ni para esto.
No debiste...
...pero igual lo hiciste.
¿Hubiera sido mejor o peor?
...ya el tiempo lo dirá.
8/9/20
Carta a un ladrón
17/6/20
Lea las advertencias antes de empezar a meditar
Recuerde, además de ser una exploración, este viaje también puede usarse para realizar una limpieza profunda. Sirve para encontrar eventos olvidados, deshacerse de cargas innecesarias, quitar telarañas, luchar con reflejos y sombras, sacudir el polvo y reordenar lo que se encuentre en el camino. Piénselo como deshierbar y preparar un campo agreste y accidentado para convertirlo en un jardín.
Ahora bien, una última advertencia. Puede que en el camino intente abarcar más de lo que sus capacidades le den, que abra una puerta que luego no pueda cerrar. No se preocupe, es natural e incluso a veces necesario. En caso de verse rebasado, no dude en buscar ayuda, la que más le acomode. Está bien reconocer que ha intentado morder más de lo que podía comer y ahora ni puede escupirlo ni tragarlo. Es doloroso y trae consigo el miedo a la asfixia, pero relájese, respire hondo y contacte a un especialista, que seguro hay como solucionar su situación.
Dicho lo anterior y si usted desea continuar, adelante. Prepare lo que necesite, haga una pequeña mochila, tome libreta y lápiz y láncese al camino. Como se mencionó al principio, es una marcha que vale la pena hacer y sin duda alguna aprenderá mucho.
Buen viaje.

