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22/9/25

Guajolote y gallina

Pueblos de las Américas, de la del norte, la del centro y la del sur. La ibérica, la latina y la hispánica. Pueblos hechos de masacres y catástrofes, de amores prohibidos, de rebeldes e insurgentes, de flores, de aves, de frutas, de lenguas y cantos. De poemas y lágrimas, de guerras y bailes, de todos los colores de la tierra y del cielo.

Todos los continentes encontraron en este suelo un hogar, heredado, deseado, robado o impuesto. Defendido con las armas, con arengas, con tambores, con leyendas. Cimentado en la lucha contra la imposición y la destrucción del mundo. Tierra para encontrar la libertad arrebatada por las manos de quienes se creían superiores por su color de piel. Patria para construir un futuro lleno de esperanzas.

Pueblos hechos de todas las direcciones de la brújula, agua y fuego, vírgenes y nahuales, mezcla de mezclas, sacrificios humanos, tesoros enterrados, selvas impenetrables. Todas las telas, cerámicas, maderas e industrias. Minerales preciosos, tintes, esculturas, fósiles y montañas nevadas. Ámbar, copal, ranas y tormentas. Puertos protegidos contra los piratas, planicies ocupadas por ganado, sembradíos de coca y marihuana.

Somos todo, el mundo entero reunido, intentando hacerse uno de miles de partes. Eternos extraños en nuestra propia casa. Terremotos, volcanes y huracanes. Incontables nombres y realidades. Hijos e hijas de esclavos, viajeros, conquistadores y pueblos en resistencia. Cruce de caminos donde se aparece el diablo para tentarnos con maravillas. Sangre de inocentes, dictaduras, desaparecidos y campos fertilizados con huesos y llantos.

Somos la muerte que se ríe de los vivos y la vida que se ríe de la muerte. Intelectuales de todas las ciencias, hogar de telescopios, laboratorios, artistas, bosques de pinos y desiertos vetustos. Ancestros, fantasmas, niños durmiendo en la cima de los Andes. Creados en el horno del elitismo, racismo y machismo. Cuna del capitalismo.

Con padres ausentes, violencia y abandono. De madres y abuelas con estrellas en los ojos y tibieza en el pecho. Hechos del amor a la tierra, a los árboles, a la fe en un mundo mejor. De solidaridad en la desgracia, de fortaleza inacabable, de cansancio, miradas apagadas, arrugas en las manos, alimentos que reconfortan el alma.

Campo de pruebas del colonialismo y el imperialismo. Luchas por la libertad desconocida pero añorada. Caminantes sin rumbo, pero que andan sin detenerse. Agua fresca de manantial, mosquitos, serpientes, ceibas, añil, salinas y conchas marinas.

Donde el pasado remoto y el porvenir se tocan, palimpsesto de miles de historias olvidadas, mundos que no terminan de morir ni de nacer, quimera con cara de jaguar y ojos de obsidiana.

Pueblos de las Américas, de todas ellas. Donde la historia de la humanidad implosiona y se cierra sobre sí misma. Semillas y cadáveres. Mosaico y caleidoscopio. Permanente transformación de lo inmutable. Somos los que estuvieron y los que estarán. Somos todos los afluentes del río de la vida, singularidad, remolino y forja. Mestizos entre los mestizos, alebrijes, cuento polifónico, cadáver exquisito.

Calabazas, cacao y maíz.
Caballo, trigo, quinoa, venado.
Café, caña y bananos.

11/3/25

¿Qué está pasando?

La nueva última noticia nos ha levantado del letargo en el que nos encontramos. El horror de ver escenas que nos recuerdan a Auschwitz apenas parece ser suficiente como para salir un poco del entumecimiento y preguntarnos ¿qué está pasando? ¿Qué está pasando en México y en el mundo? Porque no solo es aquí, es en Gaza, en Ucrania, en el Congo, en China, en Venezuela, en El Salvador, en Colombia, en Siria, y en infinidad de otros lugares de los que no nos llegan noticias.

En México, porque es lo que más cerca tengo, esto no es nuevo. Eso es lo peor, que ni siquiera es nuevo. Décadas de pruebas, reportajes, investigaciones, denuncias... Desde principios del siglo XX la maquinaria del Estado se ha encargado de la desaparición, tortura y asesinato de miles de personas. Enemigos políticos, pueblos indígenas, supuestos comunistas, campesinos que defienden su tierra, jóvenes, madres buscadoras, periodistas, investigadores, migrantes... Una masacre a todas luces que, con los años, no ha hecho más que aumentar en magnitud. De sujetos puntuales y plenamente identificados, a grupos enteros de personas que se ven como carne de la que se puede disponer para cualquier fin.

Con el colapso del estado benefactor y el desastre socioeconómico del neoliberalismo, el crimen organizado se presentó como una estrategia de supervivencia para los marginados. Una vía de ascenso social, fama, fortuna y poder para los aspiracioncitas. Una fuente de dinero fácil para las autoridades corruptas. Una cadena de distribución confiable de narcóticos para el destrozado pueblo estadounidense a manos de los intereses de las farmacéuticas. Una salida fácil para evadir la realidad de la pobreza, el hambre y la muerte. También sabemos que el crimen organizado no solo son drogas, es venta de órganos, trabajo esclavo, secuestro, extorsión, trata de blancas, redes de pedófilos, contrabandistas, lavado de dinero y hasta torturas y asesinatos por pura diversión. Todo con tal de complacer los deseos o necesidades de quien tenga suficiente dinero para pagar.

De a poco, la diferencia entre gobierno y crimen organizado se ha ido borrando. Estamos inundados de pruebas de que todos los partidos en todos los niveles de gobierno, están coludidos con el crimen organizado. La diferencia entre ambos ya no es visible, pasando de uno a otro de manera sutil e imperceptible. El ejército, la policía, los bancos, todos forman parte de la red y todos se llevan su tajada, mientras que los que pagamos los platos rotos somos otros. Cuerpos desechables, números, cifras, mano de obra fácilmente remplazable y más ahora que empieza a perfeccionarse la inteligencia artificial.

Mientras, preferimos no ver, no creer, pensar que eso no pasa. La gente intenta justificarlo con “seguro tenía malas amistades”, “no sabías de sus mañas”, “es que se metió con la persona equivocada”. Y, no obstante, tenemos décadas de reportajes de crematorios clandestinos, de centros de entrenamiento y de exterminio, sobrevivientes de reclutamiento forzado, miles y miles de desaparecidos y desaparecidas que se acumulan con cada hora, sabemos que en Tlaxcala está el centro de trata de blancas continental y cada semana podemos encontrar una noticia de un asesinato en masa... Como dicen, un asesinato es una tragedia, mil son estadística. Pero pareciera que nada de eso basta para darnos cuenta de que no es cuestión de malas amistades, mañas y personas equívocas. Es un monstruo enorme y brutal que nos está devorando mientras colectivamente intentamos ver hacia otro lado.

Es tanto el dolor, tan grande la masacre y ha durado tanto tiempo, que nos hemos adormecido. Como el dolor físico que hace que el cuerpo se desmaye por el shock, nos hemos desmayado mentalmente ante el terror indescriptible, ajeno tal vez por lo lejano en el espacio, pero cercano por la empatía y la posibilidad de ser los siguientes. Aún peor, pasamos del horror al anhelo de ser como ellos que se refleja en la música, la moda, las series y las películas. Una especie de síndrome de Estocolmo inaceptable, incomprensible e indefendible que usamos como mecanismo de defensa ante el horror cotidiano. Y si bien el arte es un mecanismo de expresión y narración de la experiencia cotidiana, y todos tenemos el derecho de narrar nuestras experiencias... ¿Idolatrarlos? ¿Ponerlos en un pedestal? ¿Agradecer las escuelas, carreteras y hospitales construidos con sangre y sobre huesos porque el Estado no pudo hacerlo? Como si el crimen organizado fuera una especie de ONG que cobra en muertos y balas. Como agradecerle a tu secuestrador que no te deja morir de hambre.

Todo esto pasa a la luz del día, y pasa donde ya no hay presencia del Estado ni resistencia social. La gente está tan aterrorizada a la vez que convencida de que, si dice algo, los asesinarán, que no es de sorprender que nadie haya dicho nada antes a pesar del terror que se vive cotidianamente. Convencida de que, si denuncia o hace algo, nadie ni nada irá en su auxilio. Porque así es, porque quienes se supone están ahí para hacer cumplir la ley, lo permiten. Lo saben. Saben lo que pasa. ¿De verdad nos vamos a creer el cuento de que no están enterados de nada? Pero no quiero que esto se vuelva en otro reclamo al gobierno, a ese “papá-mamá” Estado que tiene que venir a ayudarnos a limpiar nuestro cagadero.

Porque el Estado es cómplice. El Estado como estructura lo permite y le conviene. Porque el Estado, no el mexicano, el Estado moderno como concepto, se sostiene sobre la explotación, la desigualdad y el despojo. Porque para que un grupo de personas tengan la posibilidad de ejercer tanto poder, es porque tienen control sobre una enorme cantidad de recursos. Y en un mundo donde los recursos son finitos, si alguien tiene control de tantísimos recursos, significa que otros no los tienen y, por tanto, su subsistencia depende de la benevolencia de quienes los poseen. Decapitamos a los reyes solo para que regresaran como hidras de mil cabezas.

Y el despojo, el empobrecimiento y la desigualdad es la leña que alimenta el sistema. Entre más desesperada esté una población, más fácil es someterla. Más fácil es que acepten medidas antidemocráticas y autoritarias, como pasó en el porfiriato o pasa hoy en El Salvador, Argentina o Venezuela. Entre más desesperada esté una población, más fácil es que entren al crimen organizado; que acepten un soborno; que prefieran callar antes de perder lo poco que les queda; que acepten un trabajo de mierda, precario y sin prestaciones; que acepten votar por quien les prometa lo que sea; que se desgasten los lazos de solidaridad al obligarnos a pelear por el único mendrugo de la canasta.

Todo esto permite y sostiene el modo de vida de las grandes élites políticas y económicas. ¿Quién les lava su ropa? ¿Quién barre la oficina? ¿Quién va a destaparles el excusado? Santa Fe, Polanco y Reforma, mecas de la ciudad global y las altas finanzas, esas sedes de los leviatanes económicos existen y operan por la miríada de trabajadores informales que gastan seis horas diarias de su vida en transporte para llegar desde las zonas periféricas a las que fueron expulsados dado que es imposible pagar una renta en una zona más cercana.

El crimen organizado también se alimenta de estas personas. De los desesperados, de los que buscan un trabajo para sostener a sus familias, de los que anhelan una vida que les han vendido desde arriba como la única manera digna de vivir, de los que no tienen casi nada que perder, solo su existencia. Todos son mano de obra fácil de obtener, de manera voluntaria o por la fuerza, para engrosar las filas de sus ejércitos. Y, como lo que pasa en la ciudad, es ese ejército de personas las que mantienen operando las grandes estructuras del crimen organizado. Halcones, distribuidores, sicarios, mulas, agricultores de amapola, ayudantes (o ratas) de laboratorio: todos necesarios e imprescindibles para que un par de capos se pudran en dinero. Todos remplazables con el migrante, con el joven desempleado, con la mujer secuestrada.

El crimen organizado, como parte de las élites económicas, son parte del sistema. No es el sistema que funciona mal, todo lo contrario, funciona perfectamente y este es el resultado. Es mucho más rentable cobrar sobornos que regular la venta de sustancias. Es mucho más rentable vender mujeres secuestradas que renunciar al pago por cumplir los enfermizos deseos de algún fulano. Es mucho más rentable usar mano de obra esclava o precarizada que pagar sueldos y prestaciones. Es mucho más rentable asesinar a un defensor de la tierra que renunciar a poner un plantío de aguacate, un complejo hotelero o unidades habitacionales. Es mucho más rentable asediar una comunidad que renunciar al agua de sus manantiales que se puede convertir en refresco o cerveza. Es mucho más rentable financiar una guerra, un grupo paramilitar o un golpe de Estado que renunciar a los metales raros o petróleo que se encuentra bajo los pies de un pueblo que no los aprovecha. Es mucho más rentable asesinar o desaparecer a un periodista o investigador que dejar que salga a la luz la red de corrupción que permite que todo esto opere.

El sistema funciona de maravilla, permitiendo que la codicia, el desprecio hacia los otros y la sed de poder y placer se desarrollen sin freno. ¿Para qué? Qué terriblemente vacíos deben estar aquellos que buscan saciar su hambre con oro y lágrimas ajenas.

No es el crimen organizado. No es el gobierno. Es el sistema político y económico, el Estado-nación moderno capitalista que vive de muchos para sostener en la cima a unos pocos. Antes, los reyes, los tlatoanis, los emperadores sabían de la posibilidad de que sus súbditos se rebelasen, porque, aunque fuera difícil y pasara con poca frecuencia, pasaba. Motines, alzamientos, linchamientos... Hoy la protesta ha perdido todo sentido, es un performance mediático que se suma a los innumerables titulares que, como todo lo viral, se olvida rápidamente. Cada vez es más difícil dar grandes declaraciones, posicionamientos firmes, construir ideales a largo plazo. Todo lo sólido se desvanece en el aire, dice el título de un libro, y con ello, nuestra visión de futuro y trascendencia.

¿Qué hacemos ante el horror cotidiano? Lo que hoy vemos no es tibieza ni indiferencia. Es nuestra manera de encogernos, resguardarnos y llorar en silencio esperando que todo pase y que no nos pase nada a nosotros ni a los que amamos. Tenemos miedo. Mucho. De muchas cosas. Y siempre hemos tenido miedo, pero antes teníamos a los otros o la divinidad para pedir auxilio. Hoy ya ni nuestros grandes amigos imaginarios nos acompañan, porque nos tragamos la idea de que la ciencia y la razón eran los medios para construir un futuro brillante. Misma ciencia y razón que, junto con la medicina, la luz eléctrica y los memes de gatos, perfeccionó los métodos de genocidio, explotación y colonización de sus supersticiosos ancestros. Porque la ciencia y la razón no fueron suficientes para prevenir que el egoísmo de unos pocos las convirtiesen en instrumentos de conquista. Hoy nos vemos solos en medio de un mar embravecido, mientras a lejos otros también luchan por mantenerse a flote.

Y el sistema funciona de maravilla porque los que sostenemos todo esto estamos tan agotados, agobiados, hartos, dependemos tanto de nuestro trabajo miserable para sobrevivir, que rebelarnos se antoja una idea lejanísima e imposible. ¿Con qué tiempo y energía nos vamos a sentar a organizarnos? ¿Con qué voluntad vamos a negociar, discutir, dialogar y generar lazos de solidaridad si el estrés cotidiano nos tiene vueltos una mina antipersonal que estalla a la más mínima provocación? ¿Qué recursos vamos a invertir en un huerto urbano, en un sistema de captación de lluvia, en celdas solares, si a penas llegamos a fin de mes? Sometidos, abrumados, agobiados. Solos, lastimados y con miedo. Como perros de pelea, listos para atacar a quién sea y defender a quienes nos han brutalizado para convertirnos en armas a su servicio. Con el único objetivo de sobrevivir un día más para poder hacer lo que sea para sobrevivir un día más.

Y el sistema funciona de maravilla, porque ante el horror y la necesidad de calidez, el mismo sistema que nos masacra nos vende alivio instantáneo en forma de reels, shorts y tiktoks, pendejadas que comprar con un clic, alimentos atascados de glutamato monosódico y azúcar, pornografía para todos los gustos, sustancias de cualquier índole, arte vacío de discurso y profundidad, pero de colores llamativos; patitos con resortes para la cabeza que ahora se han convertido en capibaras, espectáculos gratuitos en plazas públicas con dinero que se podría usar para financiar comisiones de búsqueda de desaparecidos... Y ¿cómo no caer en ello? Como los zombis adictos a los opiáceos en el país de junto, cualquier cosa que alivie nuestro dolor de manera momentánea, es buena. Y mientras ese dolor, miedo e incertidumbre no desaparezcan, la adicción a esas gotas de felicidad efímera que podamos obtener es comprensible.

Así pues... ¿Qué está pasando? Que varias generaciones de psicópatas lograron perfeccionar un sistema que ni en sus sueños más húmedos y eróticos vislumbraron. ¿Qué hacemos ante ello? Darnos cuenta del horror que se abre ante nuestros ojos, para luego abrazarnos, rezar, resistir y luchar. Como podamos, con lo que podamos, así sea un día cada año. Porque los océanos se llenaron gota a gota, porque las montañas se alzaron milímetro a milímetro.

Y si el monstruo nos va a devorar, que las astillas de nuestros huesos le desgarren la garganta.

29/12/24

A.B.R.

Tu cuerpo ya no era una morada digna de tu espíritu indomable. Incansable viajera, con la confianza de que Dios te acompañaba le hiciste frente a la vida y a la adversidad sin dar un paso al lado. 

Gracias por el suéter, por mi primera cobija, por los abrazos y las tortillas con salsa. Por cargarme frente a la ventana y cuidar de mí y de mi hermano cuando mi madre no estaba. 

Me hubiera gustado conocerte más, pero las circunstancias no fueron propicias. Pero lo que llegué a saber de ti y de tu vida lo atesoraré en mis recuerdos, junto con tu risa, tus bromas, tu delantal, tu cabello blanco, tus uñas, tus ojos brillosos, tu amor a los gatos y el sonido de la cuchara mientras disolvías el azúcar en tu café. 

Gracias por recibirme en tu casa más de una ocasión. Por tratarme sin condescendencia y con respeto. Por hacerme comer verduras. Hiciste y deshiciste, defendiste tu independencia hasta que tu dimensión material se rindió. 

Te recordaré así, feliz de lavar los trastes y de ir a la tienda. Llevándome a un baldío a cortar epazote, sentada leyendo o tejiendo una carpeta. 

Descansa de la travesía en este plano de la existencia y que tengas un buen camino de regreso a casa. 

Hasta que nos volvamos encontrar en la lluvia, en la tierra, en el viento. 

Hasta entonces. Descansa.

Antonia Bustamante Ramírez 
1931-2024

13/7/23

Caramelo envenenado

¿Será que todavía vienes de visita a leer lo que escribo? Porque yo sé que lo hacías, me consta. No tengo duda alguna de ello.


Y si fuera así, ¿Me lo dirías? ¿Cómo saberlo? ¿Sabrías que te estoy escribiendo a ti? ¿A tis? A tis, no a ustedes, a tis, porque no sé si te escribo a ti o a otra persona o a una mezcla de varias que se funden en una sola idea quimérica que se presenta con varios rostros.


Caramelo envenenado. Así te (o tes) nombré un día, porque me encanta la metáfora.


Caramelo envenenado. Dulce potencialmente letal; antojo con alta probabilidad de ser dañino; deseo inalcanzable, no por imposibilidad, sino porque hacerlo sería negligente y tal vez estúpido.


Tal vez... Y no sé si quiero comprobarlo.


Pero sí se que transitas mis sueños, en tus múltiples formas, porque eres tú y eres más personas, todas juntas en una misma idea. Un deseo que clama por ser satisfecho de manera fugaz y puntual. Que tal vez un día regrese, o que con una vez sea suficiente.


¿Será, si es que lees esto, que sepas que te escribo a ti? Y si lo supieras, ¿me lo dirías? Me dirías que exagero, tal vez. Me dirías que nunca va a pasar, tal vez. Me dirías que lo haga, tal vez. No lo sé. Y no sé si quiero comprobarlo.


¿Qué haría teniéndote en mi boca? ¿Escupirte y salvar mi alma? ¿Disfrutar del dulce sabor de la muerte? No lo sé. ¿Acaso tú lo sabes?


Te escribo esto con esperanza de que aún me leas. Para que sepas que rondas los salones de mis recuerdos. Un fantasma que aparece de manera recurrente. Un demonio que no logro exorcizar. Un ciclo que no termina de cerrar. Una herida que no termina de sanar. O más bien, que quiero volver a abrir.


¿Te llenaría de orgullo? ¿De vergüenza? ¿De rabia? Saber que una parte de mí se niega a terminar de soltarte para que te hundas en el mar del pasado y el olvido. Que me resisto a buscarte, esperando que seas tú quien llegue.


Porque sí, quiero. Quiero, pero sé que hay peligro. ¿Lo hay? ¿Y si solo es mi pensamiento catastrófico? Mi ansiedad y pesimismo. O es mi experiencia y precaución. Tenue línea, casi imposible de discernir de qué lado camina uno.


Espero nunca leas estas palabras. No sé que haría si lo hicieras. Si lo haces y me dices que sabes que eres tú o tús. Si un día te presentas a mi puerta asegurándome que no hay nada que temer, que estoy siendo irracional, que me deje caer al vacío, a la oscuridad, esperando lo mejor.


Caramelo envenenado. Si estás leyendo esto, o si no, ya te lo he dicho todo.

18/1/23

Manifiesto de la ternura radical

Ternura: dígase de algo que tiene calidad de tierno. Sentimiento de cariño entrañable.

Tierno: que se deforma fácilmente, reciente, propenso al llanto, afectuoso, cariñoso, amable, delicado, suave.


Radical: que pertenece o es relativo a la raíz, fundamental, esencial, total, completo.


Ternura Radical: poner la ternura, es decir, el amor, el cariño, la suavidad, la delicadeza, la amabilidad, como principio fundamental, raíz y esencia de todo lo que hacemos. Ser radicalmente tiernos entre nosotros, con nosotros mismos, con el cosmos y con todo y todos los que nos rodean.


Ser radicalmente tiernos implica mostrarnos vulnerables, suaves, amables, pero eso no significa estar desprotegidos, porque amar es proteger y protegerse, ya que cuidamos y protegemos aquello que amamos. Es trabajar por el bien de todos y de todo, luchar contra aquello que provenga desde la imposición, contra todo lo que destruye, separa y lastima. De ahí que, por definición, la ternura radical no se puede imponer, porque la imposición no viene del amor, viene del deseo de control. Debe ser una invitación, tender la mano esperando que la tomen, pero sabiendo que puede que la rechacen y, aceptarlo desde el amor a la libertad.


Ser radicalmente tiernos es poner el amor como eje, como cimiento de toda acción hacia los otros y hacia nosotros mismos, siempre buscando el equilibrio, ya que poner al afuera por encima de nosotros o ponernos nosotros por encima del afuera no es amor. Habrá momentos en que tendremos que ser egoístas o dejar de lado nuestro egoísmo, donde no importa qué hagamos, saldremos lastimados o lastimaremos a alguien, porque toda acción tiene un efecto, no siempre deseado, pero podemos hacer el intento de actuar buscando el bien mayor o el mal menor.


Ser radicalmente tiernos es entonces una invitación a cuidarnos, protegernos, procurarnos, a nosotros como colectivo y a nosotros como personas, porque amarnos significa negociar entre cuidarnos y cuidarlos, el adentro y el afuera. Porque ultimadamente somos cuerpo, carne, mente y espíritu en unidad, que debemos cuidar para poder cuidar al resto. Una casa sin techo ni ventanas, con muros a punto de venirse abajo, no es buen refugio. Seamos refugio, un refugio cálido y abierto, para nosotros y para los otros.


Ser radicalmente tiernos con todos no significa siempre poner la otra mejilla, hacer la vista gorda ante las ofensas, solapar o aguantar comportamientos dañinos. Si bien todos merecen ser tratados con amor, el amor debe ser correspondido. Si ese amor es respondido con injurias, la acción más tierna que podemos tomar es apartarnos, por amor y protección propia. Alejarnos de aquello y aquellos que nos lastiman o lastiman a los otros también es protegernos. Se hace la invitación a la ternura, pero si esta se rechaza, no se insiste. 


Cuando se habla de amor, amor como principio fundamental, es un amor con agencia, porque el amor es un proceso, es algo que se construye, adapta y modifica. El amor no es objetivo ni destino, es camino, es acción, el amor se ejerce cotidianamente. El amor no se logra, no se alcanza, sino que se hace, todos los días, a partir de las acciones. El amor a veces duele y lastima, a veces tendremos que poner nuestro amor propio por encima del amor a los demás o viceversa. El amor no lo puede todo, pero todo se puede hacer con amor.


Ser radicalmente tiernos, siendo la ternura parte del amor y el amor un proceso cotidiano, hace que este sea una actitud utópica y revolucionaria, presente, cotidiana y permanente, que se hace desde el hoy y no espera, desde el aquí y el ahora, porque busca construir el mañana en vez de esperar a que éste llegue. Se es radicalmente tierno hoy, en este momento y en todos los momentos, para que mañana también lo seamos.


Ser radicalmente tiernos también implica aceptar que habrá momentos que tendremos que dejar ir y atravesar el duelo, porque el duelo es otra cara del amor. El dolor de haber amado y perdido, de seguir amando algo o alguien que ha partido. Porque el amor se acaba, y forzarlo no es amor. En ese duelo y dejar ir también entra el aceptar que somos imperfectos, perdonarnos, tratarnos con cariño, ayudarnos a crecer y a aprender, a mejorar, a levantarnos, como lo hacemos con los demás. También el aceptar que habrá veces en que no podremos ser radicalmente tiernos, que nos ganará la oscuridad que nos habita. Pero reconocerla, aceptarla y, desde la ternura radical, irla llenando de luz, tanto como se pueda, para poder ser, cada vez más y por más tiempo, radicalmente tiernos.


Así, esta es una invitación a sumarse a un movimiento utópico y revolucionario, por ser permanente y presente. Una invitación a actuar con amor ante todo y ante todos como principio fundamental de acción, a protegernos, procurarnos y refugiarnos. Una invitación a luchar contra lo que lastima y destruye, a construir el bien común, a negociar, a soltar, a atravesar duelos, a perdonar, a comprender.


Es pues, una invitación a ser radicalmente tiernos.

6/12/22

6/12/2012

Hola,__! Te escribo para ponerte al tanto de las novedades, ya que hace rato que no te escribo.


Sigo en Christchurch. Finalmente tengo trabajo estable, casa y amigos que son geniales. Ahora trabajo en una planta de reciclaje, procesando los escombros del terremoto de hace dos años. Creo que eso ya te lo había contado, pero bueno. El punto es que recién me pasó algo bien raro.


Me encontré conmigo mismo en la cocina de un sueño o en el sueño de un sueño donde cocinaba, no lo recuerdo muy bien. Sabía que ese otro con perfos, con ropa que nunca había visto pero que me sonaba familiar, como algo que usaría, era yo. Un yo de otro tiempo, del futuro. Diez años, eso me dijo. “Han pasado diez años desde la última vez que nos vimos, aunque en realidad nos vemos diario, pero... tú me entiendes.” Lo entendí, como las cosas que se entienden en los sueños. Solo lo sabes, no sabes cómo es que sabes, pero sabes.


Recuerdo parte de lo que platicamos y a más pasan los minutos, más se van perdiendo los detalles, por eso quiero escribirte esto, para no olvidarlo. Si tan solo pudiéramos grabar los sueños, especialmente los que son importantes. Porque creo que este sueño fue importante, es más, tal vez no fue un sueño y de verdad me encontré en algún otro plano o dimensión. O tal vez en diez años domine la proyección astral. Se lo debí preguntar... me lo debí preguntar.


Los dos estábamos en la cocina, cocinando, obviamente. Yo estaba haciendo espagueti y él, calabacitas. Que raro, porque no me imagino cocinando calabacitas, pero quien sabe, el caso es que eso cocinaba él... o yo. Pongámosle él sabiendo que él soy yo, pero del futuro. Tú entiendes. Él andaba “grifo” (marihuano. Primera vez que escucho el término). Me ofreció de su pipa, pero como siempre, no sentí nada. Me dijo que me iba a tardar un poco más en que me hiciera efecto, que tenía que probarla más veces, pero que no me preocupara, que faltaba menos de lo que pensaba. Supongo que lo seguiré intentando hasta que funcione.


Estuvimos platicando de muchas cosas, más que nada de cosas que él ya no recordaba. Como la vez que quemé el cojín de un banco que tenemos aquí en la sala por ponerle una olla caliente encima y tuve que ponerle una playera como forro. Pero después de un rato se quedó callado y mirándome fijamente. Sonreía mucho y en un punto hasta se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas. Me dijo cosas que voy a intentar transcribir, aunque no recuerdo sus palabras exactas. Además, hablaba muy raro... Pero bueno, esto es lo que me acuerdo:


Wey, eres un cabrón. Te estás rifando como no tienes una idea. Lo presientes, pero aún no eres capaz de comprender lo importante que está siendo todo esto que estás haciendo. Esto va a abrirte una cantidad  de puertas, ventanas, coladeras, bóvedas y almacenes que no te imaginas. Andar este camino en el que estás ahora es la mejor decisión que has tomado. Tal vez los sueños que tienes hoy no se materialicen, pero el futuro que tendrás será maravilloso.


Sé que ahorita te sientes confundido y perdido. Y te lo digo, wey. Vas bien. Vas perfecto. Así como vas. Y en un punto te darás cuenta de que es la mejor manera de estar, perdido, porque ese es el único momento donde te vas a encontrar a ti mismo.


Si me preguntas si la vas a seguir cagando, sí y mucho. Vas a seguir sintiéndote mal, sí, un buen rato. Vas a seguir perdido, confundido, sí, sin duda. Pero we, todo va a estar bien. Todo va a salir. Vas a encontrar personas hermosas en el camino, vas a vivir cosas increíbles, vas a crecer como no tienes una idea. Sí, seguro que mucho de lo que estás viviendo muchas otras personas también lo han vivido, pero la combinación de experiencias que estás adquiriendo es bastante peculiar y te va a permitir ver cosas desde lugares bien distintos.


Por ejemplo, con tus jefes (se refería a mis papás), esto te va a ayudar a tomar distancia y revalorar tu relación con ellos. Va a cambiar mucho esa relación y, de hecho, no va a mejorar mucho en los próximos años. Aún te faltan muchas cosas que trabajar, pero ya, después de que pase tiempo y distancia, irán asentándose las cosas en su lugar.


No sabes todo lo que te falta por atravesar. Va a ser duro y va a seguir siendo duro, pero sabrás salir, como siempre. Sin saber muy bien que chingados estás haciendo, pero caminando sin detenerte, metiéndote donde se pueda, entre las ramas, aunque salgas raspado, pero siempre pa’delante, como siempre. E insisto, la vas a seguir cagando, claro que sí. Crees que has cometido errores? Nambre, los que te faltan! Pero vas a salir, al menos hasta el momento así ha sido.


Eres un cabrón, we. Neta. No sabes el valor que tienes y te lo digo como alguien que ha madurado y envejecido. Y no lo digo así como de “ah, soy tu mayor y sé más que tú”. No. Madurar está de la verga, al chile. La neta es que ahora me dan más miedo más cosas, pero justo, porque cuando era tú le jugaba mucho al vergas. Pero justo eso me ha hecho quien soy. Quien serás. No pierdas la rebeldía, a pesar de que te hagas más miedoso.


Tú sigue así. Y me dirás “como así?” y sé que te enredarás con tus ideas y tu cabeza y te harás un pinche nudo. Pero we, así somos. Así. Justo así. Te lo digo, es algo con lo que vas a seguir lidiando un buen rato, pero poco a poco irás sabiendo manejarlo. Ahí la llevamos, nos ha tomado tiempo, pero ahí vamos. Mejorando, mejorando.


También, te vas a seguir peleando con tus emociones. Sí, eres muy sensible, pero no tienes inteligencia emocional. No tienes ni los conceptos ni las habilidades para dominar todo eso que te desborda. Y ya sé que vas a salir con un “pero no quiero dominar eso, las emociones se viven, los sentimientos importa vivirlos...” y demás cursilería romántica que, afortunadamente, no hemos perdido. Más bien piénsalo como que es un super poder. Igual tu capacidad analítica que termina enredándote en un perro nudo indescifrable. Son super poderes que te van a hacer llegar muy lejos, pero que tienes que aprender a controlar para utilizarlos a tu favor sin lastimarte ni lastimar a nadie en el proceso. De nada te sirve todo ese poder si no lo sabes manejar chido. Pero relax, que poco a poco irás hallando la manera.


Pero esto es mucho discurso que seguramente vas a olvidar. Así que quiero que te quedes con dos cosas (Y esto sí lo transcribo literal, letra a letra, porque es lo único que recuerdo perfectamente):


Uno. Eres un cabrón, un rifado, un chingón, tienes unos pinches huevotes que no veas y una buena suerte que parece deus ex machina.

Dos. Las cosas van a salir bien. Al final todo sale bien. Mucho drama intermedio, al principio y también al final, pero hasta este momento, todo ha salido bien, mejor de lo que esperaba.


Después de eso, me dijo que le podía hacer tres preguntas y que él me las respondería.


La primera pregunta la hice sobre nuestra amistad, o sea, tuya y mía. Él solo se rio y me dijo “Te mamas wey, pero obviamente no podía no preguntarme eso, verdad? Bueno, pues, pasó lo que tenía que pasar. Tú ya sabes qué va a pasar, aunque no lo quieras ver. Y justo eso es lo que pasó” La verdad es que no entendí muy bien su respuesta y actitud. Yo espero que se refiera a que seguiremos siendo mejores amigos mucho más tiempo.


Mi segunda pregunta fue sobre Larisa y me dijo “Vívelo a tope. Húndete hasta el fondo, pero sal a respirar a tiempo”. No entendí muy bien y tampoco fue muy alentador, la verdad.


Mi tercera pregunta fue si había algo importante que tuviera que saber o un consejo o algo y me dijo “No. Lo que tienes que saber, ya lo sabes y lo que aún no sabes, no estás listo para saberlo”.


Luego me dijo que ya se tenía que ir. Que la vida de adulto irresponsable (así lo dijo él) lo llamaba de regreso y que el “trip” (viaje, supongo) ya no le iba a dar para más. Me dio un abrazo y me dijo “estoy muy orgulloso de ti y de quien fui” y salió de la cocina con su plato de calabacitas y su pipa.


Fue raro, pero a la vez fue bastante agradable. Me sentí cuidado. No sé cómo explicarlo. Pero verme así, feliz, diferente pero igual, recibirme así... no sé, fue lindo, sabes? Supongo que también me siento orgulloso de ver en quién me voy a convertir, si es que llego a ser él. Te digo, creo que fue un sueño importante o tal vez no fue un sueño, no lo sé. Pero espero un día verme así, sentirme así, ser así. Quién sabe qué me pasó, pero quiero vivirlo. Aunque no sé si de verdad voy a poder hacerlo. Tal vez solo fue eso, un sueño. En realidad, no creo que llegue a ser él, o como él, pero bueno, si tiene razón, entonces voy bien, supongo.


Pero bueno, hasta aquí mi carta de hoy. Espero me cuentes como has estado, hace mucho que ya no me escribes ni respondes las cartas que te escribo.


Abrazos desde el fin del mundo. Te quiero __!

NW.

27/5/22

Hace tanto que no paso por aquí. Mucho, mucho tiempo. Lo que he escrito aquí condensa mi biografía, quien soy y quien he sido, es producto de momentos que me han marcado, buenos, malos, milagrosos, inesperados, inexplicables, pero tan intensos que la única salida que he encontrado ha sido escribir. 

Se que la mayoría de las miradas que han llegado a este espacio, si no es que todas, me conocen. Saben quién soy. Yo no escribí para esas personas, aunque sí haya textos con dedicatoria, pero son los menos. Y es que a veces me avergüenza saber que quienes me conocen leen esto. Algunas cosas porque simplemente quisiera mantenerlas privadas para ciertos círculos, otras por alguna extraña clase de modestia y otras más tirándole a la humillación. Porque aquí he escrito sin censura, aunque crípticamente, de tantas, tantas cosas, tan íntimas, tan mías, exponiéndome al mundo de manera anónima, aunque al final ese anonimato sea más una mentira que me cuento o al menos una verdad a medias. 

Mucho de lo que está escrito aquí lo escribí con el anhelo de que alguien lo leyera. Y cuando digo alguien me refiero a alguien que yo no conociera ni que me conociera, un alguien anónimo y pasajero que, por casualidad, encontrara este espacio y leyera lo que he escrito en él. Con la esperanza de que entendiera, que pudiera ver entre líneas lo que había debajo de cada texto, que entendiera, que me entendiera, a la vez que yo, de alguna manera, le dejara algo, una semilla, una idea, un consejo, un “yo siento lo mismo, que bueno no ser la única persona”. La mayoría lo he escrito por necesidad, por escape, para arrancar de mi alma lo que sea que estuviera ahí rondando sin cesar mi mente, esperando que ese alguien lo leyera y me dijera sin decirme (porque no tendría manera de saber quién soy ni yo de saber quien es): “hey, te entendí, de verdad te entendí y aquí estoy”. 

Hoy leo y releo y hay cosas que ya no entiendo ni yo. Otras que sí, que las marcas fueron tan profundas que, con el pasar de las frases, vuelven a mi recuerdos y sensaciones de mucho tiempo atrás. No obstante, me identifico, puedo rastrearme, reconstruirme, seguir los pasos que he dado que me han llevado desde ese primer post a este, lo mucho que he cambiado, lo mucho que ha cambiado mi vida, el camino tan extraño que he tomado y el cual constantemente me hace decir “bueno, veamos que pasa si sigo andando por aquí”.

Hoy ya no escribo tanto. Será que las cosas ya no me afectan como antes. Será que ahora me abro más y hablo de lo que siento y pienso en vez de dejarlo ahí, añejándose, acumulando presión hasta que estalla. No lo sé. Pero heme aquí de nuevo, escribiendo esto que sabe más a despedida que a otra cosa. 

No sé si este será lo último que suba. Mi vida tiende a dar muchas vueltas imprevistas y, quien sabe, en una de esas este vuelve a ser mi refugio, mi diario, mi escaparate y mi grito de auxilio. Quien sabe. Lo averiguaré eventualmente, supongo. 

Hasta entonces, gracias por leer. 

NW. T. F.

13/7/21

Dejar de ser, comenzar a estar

Estos meses me he preguntado constantemente, ¿Qué vida es la que quisiera tener? Evidentemente ésta, precisamente ésta, no es esa vida, pero ¿Cuál? ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento cambiar el mundo, concentrémonos en cambiar mi mundo.


Recuerdo aquellos días donde no había más futuro que el mañana, si acaso, la próxima semana. Donde diario tenía que ir a comprar algo de comer porque todas mis posesiones, todo lo material, lo tenía que poder llevar conmigo día con día. Recuerdo aquellas noches, donde lo único que me preocupaba era que iba a desayunar. Recuerdo aquellos días, donde no sabía de qué iba a vivir, pero igual no me preocupaba. Era cuestión de esperar, sentado, jugando billar en una mesa terriblemente inclinada, a que me llamaran, a que dijeran que necesitaban gente para descargar un barco, para limpiar una calle, para cargar Tablaroca.


Pero claro, vivía en otro lado, en otro mundo, acá no es tan fácil ¿O sí? ¿No será a acaso que me han convencido de eso? De que aquí no es tan fácil. Pero igual lo veo, lo veo con la gente viviendo al día, viviendo en el puro presente, sin más futuro que mañana. Y, ¿No acaso también lo he hecho en este mundo? Por menos tiempo y en otras condiciones, eso es verdad, pero igual lo he hecho, muchas veces. Cargando con todo lo que tengo, día con día, a la orilla del mar o entre las montañas desérticas.


Pero ¡Qué incertidumbre! ¿Y si pasa algo? ¿Cómo o con qué vas a enfrentar los imprevistos, las emergencias, los desastres? – Se escuchó a lo lejos, en el fondo de mi mente – ¿Cómo vas a enfrentar la vejez? ¿La enfermedad? ¿La soledad? ¿Y si alguien necesita de tu ayuda y no tienes los medios o los recursos? ¿Qué vas a hacer cuando tus padres estén viejos? ¿Cuándo tu ya no puedas trabajar? ¿De qué vas a vivir? ¿Qué vas a hacer?


Nada de eso me lo preguntaba en aquellos días bajo el sol austral o bajo la tormenta tropical y, si lo hacía, esas voces no eran tan estridentes como lo son ahora que no me han dejado dormir por meses, que me han llevado a consumir sustancias para intentar apagar mi mente, sólo para poder ganar unas horas de sueño, no para descansar, porque despierto igual de cansado, sino para evadir el terror de no saber responder esas preguntas. Un tiempo fuera de la realidad, desconectarme por un instante para no terminar de caer en la desesperación desgarradora y peligrosa que probé en otros tiempos y que dejó marcas, ahora casi desvanecidas, en mis hombros.


Sería renunciar a un plan de vida, a un futuro trazado, a una expectativa, a un arduo camino, a una construcción empezada. Dar la vuelta y abandonar todo por lo que, según yo, he trabajado estos últimos años… pero, la verdad, es que igual no hay futuro. No importa cuánto me esfuerce, el futuro está casi en su totalidad fuera de mi control ¿Quién hubiera dicho que esto estaría pasando(nos)?


Recuerdo como en esos días no tenía más pasado que experiencias encadenadas. Donde había estado y que había hecho, mas no quien era yo o quien había sido.


Tal vez mis recuerdos me mienten. Es seguro que lo hacen. La memoria se acomoda, se resignifica y reconstruye, pero no tenemos otra cosa. Si eso ayuda a dar sentido, a movernos hacia adelante, a seguir andando, entonces, qué más da si es inexacta, si es un cuento que nos inventamos. Al final del día todos son cuentos e historias, mitos y poemas.


Entonces, ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento el mundo y su gente, el sufrimiento, la injusticia y el dolor. Sólo por un instante, entra en ti, mírate y dime lo que quieres.


Quiero vivir sin futuro. Quiero vivir sin pasado. Olvidar quien fui, solo recordar donde estuve. Soltar el futuro, confiar en que lo que sea que se atraviese, sabré resolverlo o habrá alguien que me ayude o que al menos encontraré la paz suficiente para afrontar la muerte inevitable. Dejar de temerle a ese dolor tan intenso y terrible que destrozó mi espíritu hace unos meses, sabiendo que no habrá manera de evitarlo y, por tanto, no hay caso en tenerle miedo. Cerrar los ojos, respirar hondo y dejar que el tren me pase por encima.


Quiero dejar de ser y comenzar a estar, sólo hoy, si acaso mañana, a lo mucho la próxima semana.


¡Cuánta incertidumbre! – se escuchó una vez más


Al contrario. Tengo la certeza de que no tengo certezas, en vez de creer que las tengo, aferrándome al humo, a futuros que se me escapan entre los dedos con cada nuevo día que llega.


Vivir sin futuro, sin pasado.


¡Vas a arruinar toda tu vida! – gritó


¿Acaso no la estoy arruinando ya? ¿Acaso esto que siento es vida? ¿Esta es la vida que quiero? ¿De verdad quiero seguir así, sin dormir, sin pensar en otra cosa que el miedo, en ansiedad, en depresión, en muerte? Podría ser peor, por su puesto, pero al menos que sea la vida la que me ponga ahí, no yo mismo.


¿Cómo es que olvidé todo eso? ¿Cómo me dejé tragar una vez más por el “qué será”?


Te veo y lo recuerdo. Me obligas a recordarlo. Porque no quiero que estés donde estoy, porque no quiero que llegues hasta este punto. Y, cuando pienso en qué decirte, aunque no te diga nada, me obligo a decírmelo a mí mismo y a darme cuenta de todo lo que olvidé, todo lo que extraño, todo lo que aprendí y que dejé de aplicar. Me haces recordar el camino, me hacer volver sobre mis pasos y darme cuenta de que, en algún momento, me perdí. Pero aún no es tarde, porque lo he recordado, y, ahora, puedo caminar una vez más por el sendero


Claro, se dice fácil. Yo que lo he tenido todo, que he enfrentado a penas una fracción de lo que tú vives día con día. Se dice fácil olvidar el futuro, como si estuviera romantizando la vida de incertidumbre, inseguridad, precariedad… No, para nada. Es terrible, es duro, es injusto, pero para cambiar eso hay que cambiar el mundo. Hoy necesito tomarme una pausa de ese proyecto para cambiar mi mundo, poder estar bien para poder ayudar a los demás, y, fue en ese estado, donde tenía certeza de que no tenía más futuro que mañana, esos momentos donde el presente era lo único que existía, cuando mejor me he sentido, cuando más fuerte he sido. Hoy estoy entumecido, oxidado, congelado en el confort. Pero, es que qué rica es la comodidad, eso es innegable, pero, te enmoheces y atrofias, como los enfermos que se mantienen postrados durante tanto tiempo que se llenan de pústulas y llagas, se debilitan y terminan siendo un cascarón vacío, un cuerpo degradado…


Pero ¿Cómo dejar de pensar en el futuro? ¿Cómo detener o ralentizar una máquina que te has dedicado a perfeccionar durante décadas para que trabaje de manera totalmente eficiente y sin detenerse un solo instante? Es como si quisieras debilitar un músculo que has fortalecido toda tu vida – Me cuestionó.


Eso crees, pero te equivocas. Piensa en los comics. Piensa en la Bruja. Su problema era que era demasiado poderosa y sus poderes podían destruir el mundo y destruirla a ella misma. La salida fácil es matar a la bruja, ella misma intentó deshacerse de ese poder, pero hay otra vía: aprender a controlar dicho poder. Eso es aún más difícil, requiere de aún más trabajo. Pasar de la fuerza bruta a la coordinación fina, de poder derribar una muralla con un solo martillazo a poder enhebrar una aguja al primer intento. Tienes la fuerza bruta, te falta saber cuando y como usarla y cuando y como ponerle pausa.


No será fácil, pero este es un buen primer paso y, si algo hemos aprendido, y si algo no nos hemos dejado olvidar es que nada te puede detener y, ahora, con esa nueva adquisición en tu pecho, que siempre hay más camino que recorrer, pieza por pieza, paso a paso.


Ya estamos dando esos pasos. Ahora, no te detengas.

Deja de ser, comienza a estar.

Deja de aferrarte al pasado o al futuro, cae al vacío del presente.

Vuela pajarillo, vuela lejos.

Te perdiste, pero aquí estaré, esperándote.

Te quiero, T.

Atentamente: N.W.

3/6/21

Hasta el final [La generación del Apocalipsis VII]

He perdido toda esperanza. El futuro es claro, catástrofe, muerte, dolor. El tiempo se agotó, ya no hay marcha atrás.

Sabíamos lo que hacíamos, cientos de expertos en todos los campos lo han advertido desde hace décadas y quienes tienen el poder y los medios decidieron no escuchar. Claro, escuchar y hacer implicaba dinamitar desde dentro el sistema que les dio el poder y los medios en primer lugar, un balazo en el pie, no los culpo.

Desde abajo, con la gente, hicimos lo posible, pero no fue suficiente. Ya no hay tiempo, el futuro es inevitable.

Lo veo, como cada nuevo invento, nueva tecnología, nueva propuesta, termina integrándose al sistema, termina convirtiéndose en una nueva manera de acrecentar el poder y los recursos de unos pocos. No importa que tanto se intente, al final, la avaricia predomina y lo corrompe todo. Al final, siempre hay alguien, siempre hay alguien que quiera sacar provecho, a quien le gane el egoísmo, que mire desde arriba con desprecio, pisoteando a quien sea para obtener lo que desee. ¿Será acaso que ese es el principio y motor fundamental de todo? ¿Acumular? Acumular experiencias, acumular conocimientos, acumular recursos, acumular dinero, acumular amigos, acumular ideas, acumular parejas…

Lo intentamos. De verdad que sí. Dimos todo lo que teníamos que dar y, aun así, se necesitará un milagro, el futuro se viene sin posibilidad de detenerlo, pasamos el punto de no retorno. Ya no hay transición posible, solo colapso y crisis, brutal y salvaje, fuego que destruirá todo y a todos cuantos toque.

No me preocupa el futuro lejano. La humanidad como raza ha enfrentado cosas peores y salió adelante. La vida como fenómeno ha enfrentado cosas aún peores y también salió adelante. No, ese futuro lejano no me preocupa, estarán bien. Me preocupa este futuro cercano, este que sí o sí parece que nos va a tocar. Seremos quienes atraviesen esa crisis, la purga del sistema, la tormenta tras la cual vendrá la calma, el derrumbe de todo que dejará el campo listo para volver a construir. No, no me preocupa el futuro lejano, aprenderán de nuestros errores, lo harán mejor como nosotros lo hicimos mejor que nuestros ancestros. Me preocupa que seremos esos ancestros de los cuales aprender, esos errores catastróficos que no habrá que repetir.

Así como las muertas dieron a luz guerreras que están trayendo cambios profundos en nuestra sociedad. Así como los esclavos, con su sufrimiento, impulsaron las luchas que trajeron libertad. Así como el meteorito preparó el terreno para que los mamíferos tomaran la tierra. Así lo que se viene traerá un mundo mejor, eso es seguro, eso no me preocupa. No será en vano.

Lo que me preocupa es que hoy nos toca ser las muertas, los esclavos, quienes se extingan por el impacto celeste. Ese futuro cercano está ahí, a nada, y tendremos que enfrentarnos a él, con uñas y dientes, y nuestra sangre y llanto fertilizará la tierra para que nazcan nuevas flores, nuestras cenizas serán árboles y nuestros recuerdos, experiencias.

No hay marcha atrás. Se agotó el tiempo. Es inevitable. Nos va a tocar. Nos está tocando. Ya está pasando y no hay de otra.

Frente a este futuro-presente desolador, frente a esta desesperanza total, sólo me queda decir, que, si nos hemos de ir, que sea con la frente en alto. Demos pelea, hasta el último momento, sigamos trabajando, para que quienes reconstruyan tengan buenos cimientos, no paremos, no caigamos, no nos dejemos envolver por la indiferencia, por el instinto, por el “ya que”. Sí, ya que, ya valió, nos está tocando el incendio, se despedaza todo alrededor, pero no nos rindamos, sigamos, paso a paso, codo con codo bajo la tormenta de granizo, hasta el final, hasta que no quede ninguno. Si nos vamos, que sea una despedida digna de recordarse, que no se diga que no hicimos nuestra parte, que dimos todo y que aún así nos rebasó, pero que no escatimamos, que hicimos todo lo posible, lo que estaba en nuestras manos. No claudiquemos, hasta que la muerte nos arranque ese último suspiro y hasta ese último suspiro defendámoslo con arrojo y coraje.

No pudimos evitar el caos, no pudimos cambiar el curso, pero podemos ser la resistencia.

Espero, espero, que, si es hora de irnos, estén ahí. Yo estaré ahí hasta donde la vida me dé, acompañando a quien pueda, ayudando a quien pueda, haciendo lo que pueda. Ya no hay manera de evitar la catástrofe, sólo queda vivirla y atravesarla lo mejor que podamos. Cuentan conmigo, ahí estaré, hasta que no pueda más, hasta que no tenga fuerzas.

Porque, si me voy, si de verdad seré ese ancestro del cual el futuro lejano aprenderá lo que no hay que hacer, si de verdad seré parte de lo que el mundo tenga que quemar para darle paso a algo mejor y más bello, si de verdad me toca irme, me iré con honor.

¡Hoka hey!

2/12/20

Tengo miedo de morir

Temerle a la muerte es algo increíble. Le temo al dolor porque he sentido dolor, les temo a las amenazas porque me han amenazado, le temo al sufrimiento porque he sufrido, a las pérdidas porque he perdido, a la humillación porque he sido humillado, pero ¿Temerle a la muerte? 
 
¿Cómo le puedo tener miedo a algo que jamás he experimentado y que, cuando lo haga, no habrá manera de expresar o compartir la experiencia? Temerle a la muerte es temerle a lo nuevo, a lo extraño, lo diferente y lo desconocido. 
 
Nunca seré o haré lo suficiente como para no morir. Nadie, al menos no por el momento, puede evitarlo y, aún si hubiera forma, no sé si optaría por la inmortalidad. Puedo intentar no morir pronto, evitar morir a toda costa, pero es un hecho que, lo más probable, es que muera sin haberlo previsto, sin haberme preparado, sin más, un día me reintegraré a la eternidad. 
 
Cierra los ojos y cuenta un segundo, así se siente la eternidad
 
No recuerdo ni percibo lo que fue el mundo y el universo antes de haber nacido, ni siquiera sé que olvidé ese pasado completamente inaccesible. Del mismo modo, el futuro después de mí es un vacío atemporal del cual no sabré ni tendré modo alguno de conocer, al menos hasta donde sé con certeza. 
 
Pero ¿Qué es saber con certeza? El no poder medir algo científicamente no es razón suficiente para negar categóricamente su existencia. Hasta hace unas décadas no podíamos medir los átomos, los agujeros negros, las galaxias del universo primitivo y, no obstante, ahí estaban. Así, hay cosas que hoy no podemos medir, pero no por ello significa que no existan. Pero tampoco significa que existan. 
 
Morir es cambio. Es continuar con aquel proceso de transformación que inició con energía, dio paso a partículas, átomos, que formaron estrellas y luz, que al morir me dieron vida y, así, al morir daré vida a otros seres, otras cosas. Los átomos que hoy forman lo que soy fueron parte de otras personas, de animales y plantas hoy extintas, de meteoritos, de planetas, de galaxias distantes. A su vez, cuando el Sol devore nuestro planeta dentro de eones, los átomos que hoy me forman volverán a aquella forja estelar antes de ser liberados al cosmos, en espera de formar parte de un cometa, una estrella, un planeta y, quien sabe, tal vez nueva vida. 
 
Romantizar la muerte, el eterno cambio hasta que la entropía del cosmos detenga su propia maquinaria. No obstante, no estaré para ver nada de eso. Mi ser se transformará en algo más durante el resto del tiempo, pero mi ego morirá sin duda alguna. Quien soy, lo que soy, lo que fui y seré se quedará atrapado para siempre en esta rebanada de tiempo que me tocó, aunque la materia que me da forma la trascienda. 
 
¿Qué es morir realmente? El uróboro. Es regresar al inicio de todo al llegar al final de todo.
 
Nunca me había preocupado tanto morir, y no es para menos. Pero no son las circunstancias que han puesto a la muerte a la orden del día, porque la muerte ya estaba ahí, desde siempre. Tampoco es que recién me de cuenta de mi propia fragilidad, porque esta también siempre ha estado ahí. Lo que sí, es que fue hasta hace un par o trío de años que, tal vez por primera vez en mi vida y por un lapso tan amplio de tiempo, he disfrutado vivir. Durante tanto tiempo me sentí tan miserable que la muerte no era amenazante, y desde entonces, desde que aprecio lo que tengo, temo perderlo. 
 
Que ironía. 
 
Pero, así como dice el chiste malo, si tener dolor de cabeza es bueno por ser señal de tener cabeza, entonces tener miedo a morir, supongo, es señal de querer vivir. 
 
Y eso es bueno.

21/10/20

Que así sea

Me leo, releo el pasado, mí pasado, que ha quedado plasmado a través de las letras, de las frases, de imágenes y títulos. Poemas, reflexiones y cuentos que han nacido de aquellos momentos donde algo o alguien llegó tan profundo, resonó tan fuertemente, que dio paso a la creación de algo. Un catalizador. 
 
Me leo y releo mi pasado, plasmado aquí, los años que transcurren, y me entristezco. Veo, como poco a poco va desapareciendo la belleza. La belleza como motor se apaga, quedando el dolor, la confusión, la desesperación… 
 
¿Es que acaso ya no hay belleza en el mundo? 
 
Hoy más que nunca la necesitamos, ya que ha quedado oculta tras el velo que ha levantado el polvo de la guerra contra un enemigo que tiene a toda la humanidad de rodillas. Hoy más que nunca necesitamos recordar que vale la pena seguir luchando, por nuestro futuro, por nuestro presente, por quienes nos aman y por quienes amamos. Hoy más que nunca no podemos dejar que nos venza la oscuridad, que nos trague el dolor y la desesperanza. 
 
No todos estamos en el mismo barco, pero todos estamos en el mismo mar. Hoy más que nunca, hoy más que nunca en la historia de la humanidad, nos necesitamos. Tiremos las cuerdas y salvavidas, dejemos que todos suban, hoy más que nunca tenemos que evitar más náufragos en esta tormenta que parece que no amaina. Que suban todos a todos los barcos. 
 
No todos estamos en el frente de batalla, pero todos estamos en la misma guerra. Hoy más que nunca, que se abran todos los refugios y los lugares seguros, hoy más que nunca, estemos prestos a escuchar el llamado de auxilio, a ayudar como podamos. Hoy más que nunca, que se abran las puertas y los brazos. Hoy más que nunca. Por todos nosotros. 
 
Hoy más que nunca, aún si existe una posibilidad prácticamente nula de que sirva de algo, elevemos una oración, un pensamiento, un momento de nuestro tiempo, un grito, tal vez, tal vez haya alguien quien nos escuche, y si no hay nadie, al menos espero que el resonar de todas nuestras voces al unísono nos de la seguridad de que aquí estamos, acompañándonos bajo la lluvia. Hoy más que nunca. 
 
Por todos nosotros y por todos a quienes amamos. 
 
Dedicado a quienes hoy luchan en esta guerra, 
esperando que regresen con bien.
Viento del Norte.

18/9/20

Poesía nocturna X

Para tenerte te tengo que extrañar...

...ya el tiempo lo dirá.

A dónde fui...

...no regresé.

Razones no faltan...

...ni para aquello ni para esto.

No debiste...

...pero igual lo hiciste.

¿Hubiera sido mejor o peor?

...ya el tiempo lo dirá.


8/9/20

Carta a un ladrón

Carnal, será que estudié lo que estudié, será que me he rodeado de gente llena de amor y compasión. Pero sobre todo, lo que necesito es sanar. Por eso te escribo esto. 
 
Sé que no lo leerás y que si lo hicieras tal vez ni te importe, pero te quiero decir que no hay rencor. 
 
Sé, o quiero pensar, que no fue tu primera opción, que la vida está cabrona, que es más una necesidad que un placer y que, de haber sido otras las circunstancias, no lo habrías hecho. Yo tengo el privilegio de poder sentarme y decir “bueno, en un par de meses recupero todo”, pero tú no. Espero de corazón que lo que te llevaste te ayude. Hoy lo necesitas más que yo. Y no te escribo esto viéndote desde arriba, con condescendencia. Te lo escribo de frente, como iguales, o incluso desde abajo, desde donde me hiciste verte, desde donde tus ojos y los míos se encontraron y desde donde viste mi miedo. 
 
No te diré que no estoy enojado contigo. Por supuesto que lo estoy, y mucho, y una parte de mi quiere devolvértelo, pero no en venganza, sino para no volverme a sentirme indefenso. Eso es lo que me enoja, que me hayas hecho sentir indefenso, que me hayas amenazado, que me hayas hecho sentir miedo, que me hayas hecho elegir de una manera tan violenta. Pero sé que, si no hubieras hecho eso, yo no te habría dado nada, no habría elegido. 
 
Espero poder aportar algo a este mundo para que menos personas tengan que llegar a donde tú has llegado. La vida no ha sido justa, la vida te ha lastimado y te ha hecho ser lo que eres cuando pudo haber sido de otra manera. Y estoy seguro de que, de poder sentarnos a platicar, me dirías que, si hubiera sido tu elección, hubieras preferido estar en otro lugar, en otra situación, en otra realidad. 
 
Carnal, estés donde estés, estés haciendo con lo que sea que estés haciendo, te deseo que jamás vuelvas a tener que hacerlo, por ti y por el resto de nosotros. Espero que sea la última vez. Espero que lo que te rodea mejore, que lo que necesitas lo consigas y que la oportunidad llegue. 
 
Carnal, te perdono. Me diste una probada de tu realidad y de la realidad de muchos otros, una realidad que yo no he vivido, que agradezco no estar viviendo y que, sinceramente, espero nunca vivir. 
 
Carnal, te abrazo a la distancia desde el dolor y desde el miedo. 
 
Sin rencor.

17/6/20

Lea las advertencias antes de empezar a meditar

Así que usted desea empezar un viaje de autoexploración y conocimiento. Felicitaciones, está un paso más cerca de alcanzar un bienestar más duradero y profundo que al que la mayoría está acostumbrada. Sin embargo, al explorar las profundidades de uno mismo, los abismos de la mete y del espíritu debe usted tener mucho cuidado. El viaje puede ser muy productivo y, definitivamente, vale la pena hacerlo, sin embargo, no debe olvidar los peligros inherentes que acompañan esta actividad.

En primera, puede usted frustrarse dado que no es un viaje de fácil emprendimiento. No es como montarse a un avión o salir a dar un paseo. Es más como aprender a andar en bicicleta, se requiere práctica y ayuda las primeras veces. Pocos son quienes logran despegar a la primera sin caerse a los pocos segundos. Por tanto, no se avergüence si requiere de “rueditas de entrenamiento”, entendiéndose éstas como cualquier elemento que le sirva de apoyo o empujón en su proceso. Tampoco desista a la primera, inténtelo y verá como con cada vez se vuelve cada vez más sencillo.

Otro riesgo que conlleva es que, una vez logrado un pequeño avance, usted se sienta como si fuese el próximo Buda y tenga la imperiosa necesidad de presumirle a todos sus conocidos su nuevo estado de iluminación. No caiga en las trampas del ego y la búsqueda de reconocimiento por parte de otros. Este viaje es suyo y sólo suyo. Esto no significa que no pueda o deba compartir sus experiencias, sólo manténgalo en un nivel socialmente cómodo. No es necesario que, como algunos turistas, compartan cientos de fotos diarias que lo único que hacen es aturdir. Mejor seleccione las experiencias más significativas, aunque esto queda a criterio de cada uno.

Tome en cuenta que este camino no es un camino cómodo y de placer. Está lleno de dificultades y obstáculos. Es más una aventura o una exploración en terrenos desconocidos y peligrosos, así que prepárese para encontrar cosas que tal vez no le agraden. En aquellos pantanos, cuevas y recovecos suelen morar criaturas sombrías que hemos ocultado y alimentado durante años y, cuando son encontradas nos causan sorpresa, temor o enojo. ¿Cómo es posible que hayamos dejado que creciera tanto aquella alimaña? No se preocupe, una vez encontradas no las perderá de vista por un tiempo y es cuando puede continuar con su viaje y encontrar como eliminarlas o desistir, volver a ignorarlas y regresar a la comodidad a la que estaba acostumbrado. 

Recuerde, además de ser una exploración, este viaje también puede usarse para realizar una limpieza profunda. Sirve para encontrar eventos olvidados, deshacerse de cargas innecesarias, quitar telarañas, luchar con reflejos y sombras, sacudir el polvo y reordenar lo que se encuentre en el camino. Piénselo como deshierbar y preparar un campo agreste y accidentado para convertirlo en un jardín. 

Ahora bien, una última advertencia. Puede que en el camino intente abarcar más de lo que sus capacidades le den, que abra una puerta que luego no pueda cerrar. No se preocupe, es natural e incluso a veces necesario. En caso de verse rebasado, no dude en buscar ayuda, la que más le acomode. Está bien reconocer que ha intentado morder más de lo que podía comer y ahora ni puede escupirlo ni tragarlo. Es doloroso y trae consigo el miedo a la asfixia, pero relájese, respire hondo y contacte a un especialista, que seguro hay como solucionar su situación. 

Dicho lo anterior y si usted desea continuar, adelante. Prepare lo que necesite, haga una pequeña mochila, tome libreta y lápiz y láncese al camino. Como se mencionó al principio, es una marcha que vale la pena hacer y sin duda alguna aprenderá mucho. 

Buen viaje.

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