Entonces el
disco solar te lanza su fuego, lo sabes, tu cara ahora está cálida y una luz
rojiza atraviesa la pared que tus párpados forman entre tus ojos y el mundo que
te rodea.
Una nube
pasa, tapa al disco solar.
Ahora no
ves más que oscuridad en tus ojos, y sientes frío en la cara. El aire sopla y
barre la nube.
Entonces el
disco solar te lanza su fuego, lo sabes, tu cara ahora está cálida y una luz
rojiza atraviesa la pared que tus párpados forman entre tus ojos y el mundo que
te rodea.
A caso esto
fue un déjà vu?
No lo
sabes, pero es hora de bajar la vista al
suelo, a donde perteneces y de donde no debiste despegar.
Bueno, tal
vez si debiste, pero sin emular a Ícaro.
No importa,
una nube tapa el disco solar y sientes frío en la cara. Ahora puedes volar sin
que tus alas de cera se derritan. El aire sopla y barre la nube.
Entonces el
disco solar te lanza su fuego, lo sabes, tu cara ahora está cálida, pero ahora
tus ojos ven tu sombra, proyectada en el piso.
Ves tus
alas. Alas con las que pretendes volar de nueva cuenta. Claro, sin acercarte mucho al disco de
oro que corona el cielo. No quieres volver a estrellarte contra la realidad.
Tal vez.
Lo piensas,
tal vez sea mejor volar tan alto, que tus alas se desprendan, pero que el golpe
que recibas sea tan fuerte, que simplemente no puedas volver a volar.
Sí, así es
mejor, soñar y elevarse tanto que la caída te impida volver a hacerlo. Estarás muerto.
Y así
podrás soñar para siempre.