9/8/21

(...)

Parece cliché, y de hecho lo es, pero algo que aprendí estudiando lo que estudio es que todo es mucho más complicado de lo que parece y que no hay una forma “correcta” de hacer las cosas.


¿Qué implica eso?


Una enorme incertidumbre, estarse cuestionando a cada instante sobre las motivaciones y trasfondo de todo lo que hago y si hay una “mejor” manera de hacer las cosas o no. Ver en todo lo que hago lo malo, lo nefasto, lo reprobable que la humanidad puede ser, y que soy en tanto formo parte de ella.


(¿Malo para quién, malo según quien, malo en qué aspecto?)


Pero también implica una absoluta autonomía, la sensación de poder hacer y deshacer a placer, que no existe límite. La rebeldía frente a la norma, la libertad frente a la jaula, el poder rechazar y cuestionar lo incuestionable y que debe aceptarse al pie de la letra. La posibilidad de cambio verdadero para construir un mundo mejor


(¿Mejor para quién, mejor según quién, mejor en qué aspecto?)


¿Y no es todo esto contradictorio?


Sí, lo es, pero… es que las cosas son más complicadas de lo que parecen.

13/7/21

Dejar de ser, comenzar a estar

Estos meses me he preguntado constantemente, ¿Qué vida es la que quisiera tener? Evidentemente ésta, precisamente ésta, no es esa vida, pero ¿Cuál? ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento cambiar el mundo, concentrémonos en cambiar mi mundo.


Recuerdo aquellos días donde no había más futuro que el mañana, si acaso, la próxima semana. Donde diario tenía que ir a comprar algo de comer porque todas mis posesiones, todo lo material, lo tenía que poder llevar conmigo día con día. Recuerdo aquellas noches, donde lo único que me preocupaba era que iba a desayunar. Recuerdo aquellos días, donde no sabía de qué iba a vivir, pero igual no me preocupaba. Era cuestión de esperar, sentado, jugando billar en una mesa terriblemente inclinada, a que me llamaran, a que dijeran que necesitaban gente para descargar un barco, para limpiar una calle, para cargar Tablaroca.


Pero claro, vivía en otro lado, en otro mundo, acá no es tan fácil ¿O sí? ¿No será a acaso que me han convencido de eso? De que aquí no es tan fácil. Pero igual lo veo, lo veo con la gente viviendo al día, viviendo en el puro presente, sin más futuro que mañana. Y, ¿No acaso también lo he hecho en este mundo? Por menos tiempo y en otras condiciones, eso es verdad, pero igual lo he hecho, muchas veces. Cargando con todo lo que tengo, día con día, a la orilla del mar o entre las montañas desérticas.


Pero ¡Qué incertidumbre! ¿Y si pasa algo? ¿Cómo o con qué vas a enfrentar los imprevistos, las emergencias, los desastres? – Se escuchó a lo lejos, en el fondo de mi mente – ¿Cómo vas a enfrentar la vejez? ¿La enfermedad? ¿La soledad? ¿Y si alguien necesita de tu ayuda y no tienes los medios o los recursos? ¿Qué vas a hacer cuando tus padres estén viejos? ¿Cuándo tu ya no puedas trabajar? ¿De qué vas a vivir? ¿Qué vas a hacer?


Nada de eso me lo preguntaba en aquellos días bajo el sol austral o bajo la tormenta tropical y, si lo hacía, esas voces no eran tan estridentes como lo son ahora que no me han dejado dormir por meses, que me han llevado a consumir sustancias para intentar apagar mi mente, sólo para poder ganar unas horas de sueño, no para descansar, porque despierto igual de cansado, sino para evadir el terror de no saber responder esas preguntas. Un tiempo fuera de la realidad, desconectarme por un instante para no terminar de caer en la desesperación desgarradora y peligrosa que probé en otros tiempos y que dejó marcas, ahora casi desvanecidas, en mis hombros.


Sería renunciar a un plan de vida, a un futuro trazado, a una expectativa, a un arduo camino, a una construcción empezada. Dar la vuelta y abandonar todo por lo que, según yo, he trabajado estos últimos años… pero, la verdad, es que igual no hay futuro. No importa cuánto me esfuerce, el futuro está casi en su totalidad fuera de mi control ¿Quién hubiera dicho que esto estaría pasando(nos)?


Recuerdo como en esos días no tenía más pasado que experiencias encadenadas. Donde había estado y que había hecho, mas no quien era yo o quien había sido.


Tal vez mis recuerdos me mienten. Es seguro que lo hacen. La memoria se acomoda, se resignifica y reconstruye, pero no tenemos otra cosa. Si eso ayuda a dar sentido, a movernos hacia adelante, a seguir andando, entonces, qué más da si es inexacta, si es un cuento que nos inventamos. Al final del día todos son cuentos e historias, mitos y poemas.


Entonces, ¿Qué es lo que quiero? Olvidemos por un momento el mundo y su gente, el sufrimiento, la injusticia y el dolor. Sólo por un instante, entra en ti, mírate y dime lo que quieres.


Quiero vivir sin futuro. Quiero vivir sin pasado. Olvidar quien fui, solo recordar donde estuve. Soltar el futuro, confiar en que lo que sea que se atraviese, sabré resolverlo o habrá alguien que me ayude o que al menos encontraré la paz suficiente para afrontar la muerte inevitable. Dejar de temerle a ese dolor tan intenso y terrible que destrozó mi espíritu hace unos meses, sabiendo que no habrá manera de evitarlo y, por tanto, no hay caso en tenerle miedo. Cerrar los ojos, respirar hondo y dejar que el tren me pase por encima.


Quiero dejar de ser y comenzar a estar, sólo hoy, si acaso mañana, a lo mucho la próxima semana.


¡Cuánta incertidumbre! – se escuchó una vez más


Al contrario. Tengo la certeza de que no tengo certezas, en vez de creer que las tengo, aferrándome al humo, a futuros que se me escapan entre los dedos con cada nuevo día que llega.


Vivir sin futuro, sin pasado.


¡Vas a arruinar toda tu vida! – gritó


¿Acaso no la estoy arruinando ya? ¿Acaso esto que siento es vida? ¿Esta es la vida que quiero? ¿De verdad quiero seguir así, sin dormir, sin pensar en otra cosa que el miedo, en ansiedad, en depresión, en muerte? Podría ser peor, por su puesto, pero al menos que sea la vida la que me ponga ahí, no yo mismo.


¿Cómo es que olvidé todo eso? ¿Cómo me dejé tragar una vez más por el “qué será”?


Te veo y lo recuerdo. Me obligas a recordarlo. Porque no quiero que estés donde estoy, porque no quiero que llegues hasta este punto. Y, cuando pienso en qué decirte, aunque no te diga nada, me obligo a decírmelo a mí mismo y a darme cuenta de todo lo que olvidé, todo lo que extraño, todo lo que aprendí y que dejé de aplicar. Me haces recordar el camino, me hacer volver sobre mis pasos y darme cuenta de que, en algún momento, me perdí. Pero aún no es tarde, porque lo he recordado, y, ahora, puedo caminar una vez más por el sendero


Claro, se dice fácil. Yo que lo he tenido todo, que he enfrentado a penas una fracción de lo que tú vives día con día. Se dice fácil olvidar el futuro, como si estuviera romantizando la vida de incertidumbre, inseguridad, precariedad… No, para nada. Es terrible, es duro, es injusto, pero para cambiar eso hay que cambiar el mundo. Hoy necesito tomarme una pausa de ese proyecto para cambiar mi mundo, poder estar bien para poder ayudar a los demás, y, fue en ese estado, donde tenía certeza de que no tenía más futuro que mañana, esos momentos donde el presente era lo único que existía, cuando mejor me he sentido, cuando más fuerte he sido. Hoy estoy entumecido, oxidado, congelado en el confort. Pero, es que qué rica es la comodidad, eso es innegable, pero, te enmoheces y atrofias, como los enfermos que se mantienen postrados durante tanto tiempo que se llenan de pústulas y llagas, se debilitan y terminan siendo un cascarón vacío, un cuerpo degradado…


Pero ¿Cómo dejar de pensar en el futuro? ¿Cómo detener o ralentizar una máquina que te has dedicado a perfeccionar durante décadas para que trabaje de manera totalmente eficiente y sin detenerse un solo instante? Es como si quisieras debilitar un músculo que has fortalecido toda tu vida – Me cuestionó.


Eso crees, pero te equivocas. Piensa en los comics. Piensa en la Bruja. Su problema era que era demasiado poderosa y sus poderes podían destruir el mundo y destruirla a ella misma. La salida fácil es matar a la bruja, ella misma intentó deshacerse de ese poder, pero hay otra vía: aprender a controlar dicho poder. Eso es aún más difícil, requiere de aún más trabajo. Pasar de la fuerza bruta a la coordinación fina, de poder derribar una muralla con un solo martillazo a poder enhebrar una aguja al primer intento. Tienes la fuerza bruta, te falta saber cuando y como usarla y cuando y como ponerle pausa.


No será fácil, pero este es un buen primer paso y, si algo hemos aprendido, y si algo no nos hemos dejado olvidar es que nada te puede detener y, ahora, con esa nueva adquisición en tu pecho, que siempre hay más camino que recorrer, pieza por pieza, paso a paso.


Ya estamos dando esos pasos. Ahora, no te detengas.

Deja de ser, comienza a estar.

Deja de aferrarte al pasado o al futuro, cae al vacío del presente.

Vuela pajarillo, vuela lejos.

Te perdiste, pero aquí estaré, esperándote.

Te quiero, T.

Atentamente: N.W.

10/7/21

Poesía Nocturna XIII

 Que terrible, vivir en el terror constante.

Perseguido por los demonios del pasado.

Huyendo de los miedos del futuro.

Soportando los temores del presente.


Que terrible, no ver la luz.

La oscuridad permanente, que no abraza, sino que oprime.

El frío intenso, que no alivia, sino que paraliza.

El silencio profundo, que no calma, sino que juzga.


Pero, ¿Y si todo es solo una ilusión?


Telarañas acumuladas a lo largo de los meses.

Óxido que descansa en la superficie.

Polvo del tiempo pasado.

Sedimentos del ayer, que ocultan lo que había detrás, antes.


Sólo queda recuperar el espacio perdido.

Las memorias enterradas.

Las vidas pasadas.

Recordar y vivir.


Volver al inicio.


Vuela.

Cae al vacío.

22/6/21

(...)

 ¿Hasta cuándo te seguirás aferrando a pasados que ya fueron o futuros que podrían ser?


Suéltalos


Cae al vacío

3/6/21

Hasta el final [La generación del Apocalipsis VII]

He perdido toda esperanza. El futuro es claro, catástrofe, muerte, dolor. El tiempo se agotó, ya no hay marcha atrás.

Sabíamos lo que hacíamos, cientos de expertos en todos los campos lo han advertido desde hace décadas y quienes tienen el poder y los medios decidieron no escuchar. Claro, escuchar y hacer implicaba dinamitar desde dentro el sistema que les dio el poder y los medios en primer lugar, un balazo en el pie, no los culpo.

Desde abajo, con la gente, hicimos lo posible, pero no fue suficiente. Ya no hay tiempo, el futuro es inevitable.

Lo veo, como cada nuevo invento, nueva tecnología, nueva propuesta, termina integrándose al sistema, termina convirtiéndose en una nueva manera de acrecentar el poder y los recursos de unos pocos. No importa que tanto se intente, al final, la avaricia predomina y lo corrompe todo. Al final, siempre hay alguien, siempre hay alguien que quiera sacar provecho, a quien le gane el egoísmo, que mire desde arriba con desprecio, pisoteando a quien sea para obtener lo que desee. ¿Será acaso que ese es el principio y motor fundamental de todo? ¿Acumular? Acumular experiencias, acumular conocimientos, acumular recursos, acumular dinero, acumular amigos, acumular ideas, acumular parejas…

Lo intentamos. De verdad que sí. Dimos todo lo que teníamos que dar y, aun así, se necesitará un milagro, el futuro se viene sin posibilidad de detenerlo, pasamos el punto de no retorno. Ya no hay transición posible, solo colapso y crisis, brutal y salvaje, fuego que destruirá todo y a todos cuantos toque.

No me preocupa el futuro lejano. La humanidad como raza ha enfrentado cosas peores y salió adelante. La vida como fenómeno ha enfrentado cosas aún peores y también salió adelante. No, ese futuro lejano no me preocupa, estarán bien. Me preocupa este futuro cercano, este que sí o sí parece que nos va a tocar. Seremos quienes atraviesen esa crisis, la purga del sistema, la tormenta tras la cual vendrá la calma, el derrumbe de todo que dejará el campo listo para volver a construir. No, no me preocupa el futuro lejano, aprenderán de nuestros errores, lo harán mejor como nosotros lo hicimos mejor que nuestros ancestros. Me preocupa que seremos esos ancestros de los cuales aprender, esos errores catastróficos que no habrá que repetir.

Así como las muertas dieron a luz guerreras que están trayendo cambios profundos en nuestra sociedad. Así como los esclavos, con su sufrimiento, impulsaron las luchas que trajeron libertad. Así como el meteorito preparó el terreno para que los mamíferos tomaran la tierra. Así lo que se viene traerá un mundo mejor, eso es seguro, eso no me preocupa. No será en vano.

Lo que me preocupa es que hoy nos toca ser las muertas, los esclavos, quienes se extingan por el impacto celeste. Ese futuro cercano está ahí, a nada, y tendremos que enfrentarnos a él, con uñas y dientes, y nuestra sangre y llanto fertilizará la tierra para que nazcan nuevas flores, nuestras cenizas serán árboles y nuestros recuerdos, experiencias.

No hay marcha atrás. Se agotó el tiempo. Es inevitable. Nos va a tocar. Nos está tocando. Ya está pasando y no hay de otra.

Frente a este futuro-presente desolador, frente a esta desesperanza total, sólo me queda decir, que, si nos hemos de ir, que sea con la frente en alto. Demos pelea, hasta el último momento, sigamos trabajando, para que quienes reconstruyan tengan buenos cimientos, no paremos, no caigamos, no nos dejemos envolver por la indiferencia, por el instinto, por el “ya que”. Sí, ya que, ya valió, nos está tocando el incendio, se despedaza todo alrededor, pero no nos rindamos, sigamos, paso a paso, codo con codo bajo la tormenta de granizo, hasta el final, hasta que no quede ninguno. Si nos vamos, que sea una despedida digna de recordarse, que no se diga que no hicimos nuestra parte, que dimos todo y que aún así nos rebasó, pero que no escatimamos, que hicimos todo lo posible, lo que estaba en nuestras manos. No claudiquemos, hasta que la muerte nos arranque ese último suspiro y hasta ese último suspiro defendámoslo con arrojo y coraje.

No pudimos evitar el caos, no pudimos cambiar el curso, pero podemos ser la resistencia.

Espero, espero, que, si es hora de irnos, estén ahí. Yo estaré ahí hasta donde la vida me dé, acompañando a quien pueda, ayudando a quien pueda, haciendo lo que pueda. Ya no hay manera de evitar la catástrofe, sólo queda vivirla y atravesarla lo mejor que podamos. Cuentan conmigo, ahí estaré, hasta que no pueda más, hasta que no tenga fuerzas.

Porque, si me voy, si de verdad seré ese ancestro del cual el futuro lejano aprenderá lo que no hay que hacer, si de verdad seré parte de lo que el mundo tenga que quemar para darle paso a algo mejor y más bello, si de verdad me toca irme, me iré con honor.

¡Hoka hey!

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