24/6/22

Soy una estrella, una entre tantas,

una entre cientos, una entre millones.


Soy una estrella que brilla en el firmamento,

una más, alumbrando las tinieblas del cosmos.


Soy una estrella, igual que las demás,

irreconocible, indistinguible.

Una más, una entre tantas, una entre todas.


Cuando me apague, no haré falta,

aunque mi luz no sobra.


Soy una estrella y con el resto

formamos galaxias, constelaciones.


Soy una estrella, única entre las demás,

y aun así, solo una estrella,

una más, una entre tantas, una entre todas.


Me formé en la oscuridad,

y a la oscuridad he de regresar.

¿Qué dejaré atrás?

¿En qué me transformaré?


Soy una estrella, solo eso.

Una estrella.


27/5/22

Hace tanto que no paso por aquí. Mucho, mucho tiempo. Lo que he escrito aquí condensa mi biografía, quien soy y quien he sido, es producto de momentos que me han marcado, buenos, malos, milagrosos, inesperados, inexplicables, pero tan intensos que la única salida que he encontrado ha sido escribir. 

Se que la mayoría de las miradas que han llegado a este espacio, si no es que todas, me conocen. Saben quién soy. Yo no escribí para esas personas, aunque sí haya textos con dedicatoria, pero son los menos. Y es que a veces me avergüenza saber que quienes me conocen leen esto. Algunas cosas porque simplemente quisiera mantenerlas privadas para ciertos círculos, otras por alguna extraña clase de modestia y otras más tirándole a la humillación. Porque aquí he escrito sin censura, aunque crípticamente, de tantas, tantas cosas, tan íntimas, tan mías, exponiéndome al mundo de manera anónima, aunque al final ese anonimato sea más una mentira que me cuento o al menos una verdad a medias. 

Mucho de lo que está escrito aquí lo escribí con el anhelo de que alguien lo leyera. Y cuando digo alguien me refiero a alguien que yo no conociera ni que me conociera, un alguien anónimo y pasajero que, por casualidad, encontrara este espacio y leyera lo que he escrito en él. Con la esperanza de que entendiera, que pudiera ver entre líneas lo que había debajo de cada texto, que entendiera, que me entendiera, a la vez que yo, de alguna manera, le dejara algo, una semilla, una idea, un consejo, un “yo siento lo mismo, que bueno no ser la única persona”. La mayoría lo he escrito por necesidad, por escape, para arrancar de mi alma lo que sea que estuviera ahí rondando sin cesar mi mente, esperando que ese alguien lo leyera y me dijera sin decirme (porque no tendría manera de saber quién soy ni yo de saber quien es): “hey, te entendí, de verdad te entendí y aquí estoy”. 

Hoy leo y releo y hay cosas que ya no entiendo ni yo. Otras que sí, que las marcas fueron tan profundas que, con el pasar de las frases, vuelven a mi recuerdos y sensaciones de mucho tiempo atrás. No obstante, me identifico, puedo rastrearme, reconstruirme, seguir los pasos que he dado que me han llevado desde ese primer post a este, lo mucho que he cambiado, lo mucho que ha cambiado mi vida, el camino tan extraño que he tomado y el cual constantemente me hace decir “bueno, veamos que pasa si sigo andando por aquí”.

Hoy ya no escribo tanto. Será que las cosas ya no me afectan como antes. Será que ahora me abro más y hablo de lo que siento y pienso en vez de dejarlo ahí, añejándose, acumulando presión hasta que estalla. No lo sé. Pero heme aquí de nuevo, escribiendo esto que sabe más a despedida que a otra cosa. 

No sé si este será lo último que suba. Mi vida tiende a dar muchas vueltas imprevistas y, quien sabe, en una de esas este vuelve a ser mi refugio, mi diario, mi escaparate y mi grito de auxilio. Quien sabe. Lo averiguaré eventualmente, supongo. 

Hasta entonces, gracias por leer. 

NW. T. F.

11/10/21

Ácido

- Buenas noches ¿Lo de siempre?

- Que tal, sí, lo de siempre, por favor.


Vodka-tonic, doble, mucho hielo, con tres tiras de cáscara de limón, como no cabe toda el agua tónica en el vaso, el sobrante te lo sirvo aparte. Me sé tu orden de memoria. Es lo que has pedido estos últimos diez, casi once meses que, si falta, has venido cada miércoles y cada sábado.


Te veo entrar por la puerta, normalmente a eso de las siete y media. A veces un poco más temprano, a veces un poco más tarde, pero sin pasar de las ocho, exceptuando aquella vez cuando caía una lluvia torrencial que me hizo pensar que no llegarías y que tendría que regresar al refrigerador los limones extra que había lavado. Llegas y sin voltear a los lados caminas directamente a la barra donde te sientas solo. La primera vez que viniste, avanzaste tan decidido hacia mí que juro que pensé que venías a hablarme o a reclamarme algo, incluso me había preparado para agarrarnos a golpes si era necesario. Pero no, un vodka-tonic, doble, mucho hielo, con tres cáscaras de limón. No va a caber todo el tónico por los hielos -te dije ese día- y tú, sin titubear respondiste que te lo sirviera en otro vaso.


-Si me permite preguntar ¿Por qué tres tiras de cáscara?- me llamaba la atención esa especificidad tuya sobre una cosa en la que nadie, en mis años de servir tragos, había reparado antes. Me miraste directo a los ojos -No sé. Así me gusta. Sé que normalmente se ponen solo dos ¿Tiene costo extra?- Claro que no tenía costo extra, o al menos nunca se me hubiera ocurrido cobrar más por algo así.


-No, solo se cobra extra por ser doble.


Alguna vez te ofrecí otra bebida y tu respuesta fue un amable pero contundente no. Tenías muy claro lo que querías y cómo lo querías, así que nunca volví a sugerir otra cosa y, al cabo de dos semanas, ya me sabía la orden de memoria. Ahora te espero, casi diría con emoción, cada miércoles y cada sábado. Cuando dan las siete y cuarto, mis sentidos se agudizan y aunque esté atendiendo a otros clientes, estoy al pendiente de la puerta. Te has convertido en una especie de hito, de tótem que ordena mi semana y mis noches en la barra, una especie de rutina que sigo con gusto.


No sé qué pasaría si un día te recibo con la bebida preparada sin necesidad de que me la pidas. Algo me hace sentir que sería un acto demasiado íntimo, reconocer que entre tú y yo se ha establecido una extraña relación de familiaridad y digo extraña porque más allá de tu orden, el agradecimiento al servírtela y cuando te retiras, no intercambiamos palabra alguna. Solo te sientas, sin compañía alguna, a beber ese único trago para luego irte quien sabe a dónde.


También me pregunto qué haría si un día me pides otra bebida, si una noche cualquiera te acercaras y ordenaras un cosmopolitan o una piña colada. Tal vez mi primer impulso sería preguntarte si estás seguro de eso, pero conociéndote, por supuesto que estarías seguro de que, esa noche en particular eso es lo que quieres tomar.


-Gracias por la compañía- dijiste antes de llevarte el vaso a la boca.

-¿Perdón?

-Sí, gracias por la compañía. No es fácil encontrar a alguien con quien uno se sienta tan a gusto.

-No hay de qué- dije sin saber si continuar o no la conversación. Afortunadamente, una chica se aceró a pedir dos margaritas, dos congas con mucha granadina y caballitos de tequila para todos los de su mesa, dándome una excusa para voltear hacia otro lado.


Acabaste tu bebida, pagaste y te fuiste. Te espero el próximo sábado.

Presión

Ves la hora, se ha hecho tarde, tienes que salir ya o no habrá manera de llegar a tiempo, no, no la hay, a penas y terminas de vestirte, te has quedado dormido y sabes que, si vuelves a llegar pasada la hora, te van a despedir, ya te lo advirtieron, “última oportunidad” dijo el gerente el día de ayer cuando, como hoy, no hiciste más que apagar la alarma de un manotazo, y regresaste a dormir, y ahora tienes que decidir si desayunar o no, no, ya no hay tiempo, ¿Dónde dejaste las llaves? ¿Por qué tienes la mala costumbre de siempre dejarlas en otro sitio? Ah, estaban en la mesa, ¿Y la cartera? Ya, ya la tienes en el bolsillo, no te distraigas, el gato tiene comida, tiene agua, estará bien, la basura se puede sacar después, ahora sal, no hay tiempo, baja la escalera, ¿Cerraste con llave? Maldita sea, no te detengas, o subes y revisas o confías, pero decide, decide, decide, ya, total ¿Quién va a querer entrar a tu departamento? Subir siete pisos para robarte ¿Robarte qué? Ya, que sea lo que tenga que ser, un piso más, no han reparado el elevador, te rugen las tripas, tampoco cenaste anoche, llevas más de doce horas sin comer, pero pudiste haber desayunado de haberte levantado temprano, pero pudiste haberte levantado temprano si no hubieras llegado tan tarde a la casa y no hubieras llegado tan tarde a la casa si no tuvieras dos trabajos y no tendrías dos trabajos si no te pagaran una miseria en ambos ¿Para qué compraste ese celular? Te endeudaste a lo idiota y ahora no sabes ni como pagarlo ¿Qué pasará si no lo pagas? No pueden hacerte nada más que estar chingando por teléfono, ¿No? bueno, no lo sabes y tampoco es como quieras averiguarlo, lo que sí es que debes pagar la renta, porque ahí sí, te pueden correr ¿A dónde irías? Tus papás no te quieren de regreso, eso salió muy mal, ni modo, tendrás que arreglártelas, como siempre lo haces ¿Y si se te acaba la suerte? Bueno, ya verás que pasa, pero lo que no pasa es el maldito camión, ¿Por qué tarda tanto? Hay gente esperando, y la cola se está haciendo cada vez más larga, seguro va a venir repleto, que horror, si tuvieras un empleo mejor pagado, seguro podrías tomar un taxi o pedir un Uber, sería más rápido y cómodo, pero es más caro y no te puedes permitir esos lujos, pero ¿No así llegarías a tiempo y entonces no correrías el riesgo de ser despedido? Sería como hacer una inversión en asegurar que mantienes ese trabajo o, claro, podrías despertarte a tiempo, aunque no es que no quieras, de verdad te hace falta dormir más, pero no puedes, no hay tiempo, no hay tiempo para nada, ni para desayunar ni para seguir esperando el maldito camión, ah, ahí está, ¿Por qué viene tan despacio? Oh sí, viene a reventar, tendrás que ir colgado, lo que faltaba, la posibilidad de morir yendo a un trabajo de mierda por un sueldo de mierda, pero así es esto ¿No? Bueno, no hay mucha opción, carajo, tus pies a penas y tocan el borde del escalón, ¿Y tu cambio? ¿A poco un infeliz se lo quedó o el mismo chofer ni supo cuanto pagaste? Solo son tres pesos, pero bueno, tres pesos son tres pesos, y más cuando tienes que tomar el transporte público ¡Carajo! Ese auto pasó demasiado cerca, ¿A quién chingados se le ocurre rebasar por la derecha? Es que la gente no aguanta, ya no aguanta, nadie aguanta, es demasiado vivir así, pareciera que la gente insiste en buscar maneras de morirse más rápido, en un accidente de auto, una congestión alcohólica, de cáncer de pulmón ¿Y si por el estrés te da cáncer? ¿Cómo vas a pagar los tratamientos? ¿Ves? Deberías intentar dormir más y comer mejor, pero ¿Cómo? No hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo, nunca hay tiempo para nada, solo para trabajar, para sobrevivir, pero ¿Quieres vivir así? Sino ¿Cómo? No hay opción, bueno, siempre la hay, ¿O no? no sabes, no quieres saber, quieres llegar, pero parece que los semáforos se pusieron de acuerdo para estar totalmente descoordinados, ¿Qué hora es? No importa, vas tarde igual, tal vez si corres ¡Maldita sea, avanza carajo! ¿Cómo que nos bajemos? No, tiene que ser una jodida mala broma, no, no, no, no, no, no, no hoy, no por favor, ¿Y luego? ¡Estás lejísimos! Te hubieras comprado una bicicleta, no un estúpido celular, maldita sea, carajo, ¿Por qué? A ver, piensa, ¿Qué hacer? Ya, un taxi ¿Y sí traes suficiente? Bueno, para lo que te alcance, pero ¿Entonces con qué vas a comer? Taxi o comida, carajo, carajo, carajo, carajo, pero, bueno, una comida menos, pero salvas tu trabajo de mierda y bueno, así igual y puedes comer después, sí, después comes, total… 

¿Dónde estás? ¿Qué es este sitio? 

-Debiste haber puesto más atención al cruzar la calle

9/10/21

Elección (Poesía Nocturna XIV)

 Que duro, que duro,

estar entre la espada y la pared,

elegir entre dos dolores.

El tuyo o el mío.


Pero, ya no.


Ya no quiero elegir que me duela, 

por más que la elección sea igual de dolorsa.

Igual lo elijo, aunque te duela.

Aunque igual me duela.

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