5/10/21

Nudo (inconcluso)

…imprevisible, pero inevitable, así como todos los caminos llegan a Roma, todos los hilos del universo parecían confluir en ese punto concreto, arrastrados hacia él sin posibilidad alguna de evadirlo. Era algo que tenía que suceder, determinado desde los orígenes del cosmos, escrito en la tela misma de la realidad y, ocurrió, como todo lo que ocurre, como todo lo que es y ha sido…

3/10/21

Embarcación

Ahí, quieto, añorando el mar, se mantenía con las velas desplegadas, pero sin ningún viento que las empujara a los confines de lo desconocido. ¿Cómo podía extrañar algo que no conocía ni esperaba conocer jamás? Parece imposible, pero así era. Extrañaba una sensación nunca experimentada, pero que, de algún modo conocía. Nostalgia por un recuerdo construido, basado en nada más que sueños e ilusiones de lo que creía que sería navegar por los océanos finitos y a la vez ilimitados.


Un extraño extrañar por sentir las olas acariciando su vientre de madera, por escuchar las gaviotas cuando se acercara al puerto, por la sal y la arena, por el Sol y la brisa, por la lluvia y las estrellas fulgurantes reflejadas en el agua, fundiendo el cielo y la mar.


Ahí, quieto, con las cuerdas tensas, con el ancla levada, preparado para zarpar en cualquier momento, esperando la marea, listo para surcar tormentas, para guiarse con las constelaciones, para montar corrientes, para ser escoltado por delfines. Ahí, quieto, como encallado en un arrecife, como varado en un banco de arena, como hundido en las oscuras y frías profundidades acuáticas, se mantenía expectante, melancólico, deseando volver a sentir algo que nunca había sentido.


Quieto, como siempre había estado desde que lo construyeron, en aquella repisa cerca de la ventana desde donde podía oír el murmullo de las olas rompientes, vio cómo, apresurados, quienes lo habían puesto ahí tomaban sus cosas, las más valiosas, para luego irse dejándolo atrás, a la vez que, afuera, los vientos se enfurecían obligando a las palmeras a reverenciarlos. La lluvia golpeaba con violencia el techo y las paredes, que se estremecían por el vendaval, amenazando con dejarse llevar al despegarse del suelo. La marejada aumentaba en intensidad, las nubes cubrieron toda la luz y la sinfonía de tormenta iba en un crescendo que no parecía tener intenciones de detenerse.


El huracán tocó tierra directamente en la que él decía era su costa, arrancando árboles de raíz y llevándose consigo todo lo que estuviera a su paso. Las ventanas estallaron y el aire embravecido hizo rodar su botella, haciéndose añicos al estrellarse contra el suelo. Ahí, quieto, volcado, sintiendo por primera vez las heladas gotas de lluvia, se dio cuenta de que comenzaba a flotar gracias al agua que entraba a raudales por la puerta que había cedido ante la presión de la marea que subía reclamando la tierra para sí.


Alistó las velas, aseguró el ancla y, con un esfuerzo, logró enderezarse, alzando altivo sus mástiles frente a la tormenta, libre por fin de su cárcel y, llevado por una ráfaga, sorteando escombros tal si fueran farallones, se alejó bamboléandose para no volver a sentir esa añoranza por lo ignoto.

2/10/21

Traje

 De traje te traje al troje de mi tierra esa tarde transparente, tratando de no trastabillar, con la lengua trabada y el corazón a trote. Tanto tiempo tenía que quería traerte para decirte, para mostrarte, las altas torres con talegas de trigo, todas tuyas si las querías, si me querías.


De traje te traje al troje y después de tartamudos intentos, tuve tanates para contarte sin tapujos que te quería, y que todo mi trigo y corazón, ser tuyo podía. Te vi, tanteando tu tierna mirada, buscando si mi atropellada confesión tendría ese tan querido, tan esperado efecto en ti y me contestarías contundente que por mí lo mismo sentías.


Tras eternos tres minutos, mientras yo me entristecía a la vista de tu rostro silente, torturándome con trágicos sentires, de traje en el troje al que te traje, con una sonrisa me contestaste que, sin temor y contra toda tormenta, ahí estarías, porque también tu corazón, solo amor por mí tenía.

1/10/21

Cristal

Aquella tarde extrañamente fría para ser primavera, mientras llamaba a su gato que, al abrir la puerta de la casa, había salido disparado cual bólido, de pronto se encontró a si misma más lejos de lo que esperaba. No se había dado cuenta de lo mucho que había caminado hasta que dejó de reconocer las construcciones que la rodeaban. Pensando en emprender el retorno y que su gato encontraría el camino a casa, sacó de su bolsillo un puñado de monedas que esperaba fueran suficientes para poder pagar un taxi, cuando escuchó el inconfundible maullar de su gato al interior de un antiguo edificio de ladrillo que aparentaba haber sido un hotel y cuya entrada a penas y estaba cubierta por un tablón sobrepuesto.


Viendo que el gato no respondía a su llamado, se internó en el edificio con la presión de encontrarlo antes de que el Sol terminara de ocultarse y dejara en total oscuridad las entrañas del inmueble. El maullido venía de un piso superior, así que fue recorriendo piso por piso, asomándose en las habitaciones sin mucho éxito hasta llegar a la última planta. Tal como en los demás, recorrió el pasillo, asomándose en cada cuarto, hasta que encontró una puerta cerrada, bajo la cual, se colaba un tenue resplandor


Si bien estaba casi segura de que el gato no podía estar dentro, decidió abrir la puerta para cerciorarse que no había quedado encerrado. La perilla aun estando oxidada, no ofreció ninguna resistencia al girar y las bisagras no hicieron ruido alguno, dejando la entrada abierta con una suavidad totalmente inesperada. Al fondo y frente a ella, se alzaba un ventanal que cubría la totalidad del muro y que dejaba ver las luces de la ciudad, las cuales iluminaban tenuemente la habitación y, justo en el centro, trazada en el suelo y dividiendo el espacio en dos partes, había una línea de color blanco. Notó en una de las paredes un cartel pegado que, a pesar de estar descolorido, se podía leer a la perfección. Éste rezaba: “Bajo ningún concepto, rebase la línea blanca en el suelo”.


Parada en el marco de la puerta, sin saber bien si entrar o no, pasaba su mirada del cartel al ventanal y del ventanal a la línea, intentando entender que podría significar todo eso, hasta que un maullido la sobresaltó, dejando caer las monedas que aún sostenía en la mano. A su lado estaba el gato, mirándola fijamente con sus ojos deslumbrantes y, mientras ella se agachaba para abrazarlo, una de las tantas monedas rodaba por el suelo del cuarto, cruzó la línea y, con un sonido tintineante, tocó la esquina del ventanal para luego detenerse y caer. Como si se tratara de un espejo al que han lanzado una piedra, vio como una maraña de grietas que habían comenzado en aquella esquina se iba extendiendo por el ventanal, para luego seguir por sobre las paredes contiguas y el techo de la habitación con un crujir que le recordaba al que se hace al caminar sobre hojas secas en la acera. Se quedó inmóvil, con el gato en brazos y aguantando la respiración, pensando en que tal vez si se mantenía quieta, las fisuras seguirían su ejemplo y detendrían su lento pero constante avance sobre los muros.


No hubo caso, las grietas continuaron creciendo, salieron de la habitación trepando todas las superficies y acercándose hacia donde se encontraba. El gato, asustado, saltó de sus brazos y corrió, pero por cada zancada que daba, el piso se estrellaba tras de sí mientras todo a su alrededor seguía resquebrajándose hasta que su cuerpo mismo se quebró pieza por pieza, para que luego, todo el edificio y todo lo que contenía, se desplomara en un mar de minúsculas partículas que se esparcieron por la calle, reflejando las últimas luces del ocaso.

9/8/21

(...)

Parece cliché, y de hecho lo es, pero algo que aprendí estudiando lo que estudio es que todo es mucho más complicado de lo que parece y que no hay una forma “correcta” de hacer las cosas.


¿Qué implica eso?


Una enorme incertidumbre, estarse cuestionando a cada instante sobre las motivaciones y trasfondo de todo lo que hago y si hay una “mejor” manera de hacer las cosas o no. Ver en todo lo que hago lo malo, lo nefasto, lo reprobable que la humanidad puede ser, y que soy en tanto formo parte de ella.


(¿Malo para quién, malo según quien, malo en qué aspecto?)


Pero también implica una absoluta autonomía, la sensación de poder hacer y deshacer a placer, que no existe límite. La rebeldía frente a la norma, la libertad frente a la jaula, el poder rechazar y cuestionar lo incuestionable y que debe aceptarse al pie de la letra. La posibilidad de cambio verdadero para construir un mundo mejor


(¿Mejor para quién, mejor según quién, mejor en qué aspecto?)


¿Y no es todo esto contradictorio?


Sí, lo es, pero… es que las cosas son más complicadas de lo que parecen.

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