9/10/21

Elección (Poesía Nocturna XIV)

 Que duro, que duro,

estar entre la espada y la pared,

elegir entre dos dolores.

El tuyo o el mío.


Pero, ya no.


Ya no quiero elegir que me duela, 

por más que la elección sea igual de dolorsa.

Igual lo elijo, aunque te duela.

Aunque igual me duela.

8/10/21

Reloj

Corre el tiempo, tengo que escribir (9:26) no se me ocurre nada. ¿No acaso ya usé esto de romper la cuarta pared, por decirlo de algún modo, con otro tema?, sí, claro que lo usé (9:27). Quemé esa posibilidad. Bueno, lo que se (9:28) dice quemar, no tanto. Finalmente, ¿Cuándo un poeta quema la poesía? ¿Cuándo un autor quema su estilo? ¿No es precisamente a base de repetición constante que eso se define? Simplemente (9:29) basta con leer varios textos de una misma persona para darse cuenta de ello. (9:30). 

¿Cuál es mi estilo? ¿Lleno de metáforas y comparaciones? ¿Con párrafos demasiado (9:31) largos y con demasiadas comas para aumentar la tensión? Como si corriera, como si avanzara a galope, como si algo estuviera allá atrás, persiguiéndote, respirando en tu nuca, que no te deja detenerte a respirar, avanzas y avanzas (9:32), cada vez más rápido, está cerca, te alcanza, corre, huye, vuela si puedes, no te deja, no se aparta, aprietas el paso y eso, aquello que te persigue desde los (9:33) confines de la lírica y los sueños también acelera el paso, como el horizonte, diría Galeano, que das un paso y se aleja un paso, ahora tú eres el horizonte, te persigue, te intentas alejar y no lo puedes perder (9:34)… 

Tal vez… Tal vez mi estilo es más lento, pausado. Reflexivo e imaginativo, como si pintara un cuadro (9:35). No lo sé, no lo sé. Un paisaje de letras, construida a partir de descripciones detalladas (9:36) surgidas de mis recuerdos que evocan los tuyos, diferentes sin duda, pero al final del día lo suficientemente similares para ser evocados. 

Será que, como la música, escribir es un acto de ritmo y presencia (9:37) que te envuelve, tanto al crearla como al escucharla. Y, así como hay músicos con estilos inconfundibles, hay otros que nunca dejan de explorar y buscar (9:38) maneras de componer. O que van y vienen entre estilos, los combinan, los explotan hasta aburrirse, saltan a otro, lo exploran, regresan al anterior. (9:39) (9:40) La música, con sus ritmos, con sus pausas en el acto mismo de interpretarla, de hacerla presente. Así, escribir, también debe tener sus pausas, sus ritmos, (9:41) en el acto mismo de traer las ideas y plasmarlas, especialmente si, como ahora, esto es más una improvisación del momento (9:42). 

(9:43) Releo lo que escribí. Curiosamente, tal vez no tanto en realidad, me gusta (9:44). Un pequeño y breve experimento donde yo, aquí detrás, me manifiesto como autor y no como vehículo para decir algo (9:45). Cómo si hubiera filmado el proceso, documentando lo que es intentar escribir a la brava (9:46) sin mucha idea de qué decir. Curioso experimento, sin duda. De pronto escribir se vuelve material al ver los ritmos, no del texto, sino del escribir (9:47) mismo. 

¿Cuánto texto cabe en un minuto? ¡¿Qué clase de pregunta?! Cabe tanto y tan poco (9:48) porque el tiempo es flexible, se alarga y contrae según las circunstancias. ¿Cuánto texto cabe en un segundo, en un suspiro, en un instante? ¿Cuántas ideas… (9:49) 

Y, aún así, quedan cosas que no se ven. Las (9:50) correcciones, los “creo que esto suena mejor así”, los “no, no me gustó”. Pero se ven las pausas (9:51), el flujo, como brota, como surge, como crece y se manifiesta y se transforma en algo tangible, aunque sólo eran ideas sueltas, de pronto, se convierte en un tren imparable, en una (9:52) retahíla de palabras sin más conexión que seguir y seguir, adelante, avanzando, hacia ningún sitio y desde ningún sitio, como si hablara, como si cantara, como si fuera música, acelerando, ¡Crescendo! (9:53) siguiendo, adelante, adelante, de lento a presto, a prestissimo, de piano a forte, y luego… vuelve a la calma (9:54). 

Curioso… curioso experimento. (9:55) ¿Ya será hora? (9:56). Una última revisión (9:57) (9:58) (9:59) un par de correcciones (10:00), no sé si esas palabras son las más adecuadas. (10:01) Sí, ya está listo (10:02). Es hora de dejarlo ver la luz. (10:03) (10:04) 

Sigue siendo un proceso material al final del día, hay que darle formato. (10:05) Quiero comprobar que se vea bien, no solo que se lea bien. Sí (10:06), parece que, ahora sí, es hora.

7/10/21

Ventilador

Acostado en la hamaca viendo el ventilador quieto en el techo, hastiado por aquel calor húmedo de la época, de esos calores, propios de los trópicos, que se pegan en la piel e inundan los pulmones, se preguntaba cuando regresaría la energía eléctrica a la cuadra. Hacía unos cuarenta minutos, un transformador había estallado y, de haber sido de noche, la colonia entera hubiera quedado a oscuras. Pero no, a penas pasaba de medio día y el sol brillaba en lo alto con toda potencia, elevando la temperatura y la humedad al evaporar las charcas que quedaban de la tormenta de anoche. No quedaba más que esperar, al atardecer o a que lloviera para que ese calor abrumador se disipara un poco.


Todos se encontraban en sus casas, refugiándose del fuego celeste que impedía permanecer fuera de la sombra más de unos pocos minutos. Ni los animales se atrevían a poner una pata en el ardiente exterior, si acaso uno que otro insecto pasaba volando, mientras las hormigas continuaban inmutables con su marcha. Los perros se refugiaban jadeantes en los pórticos de las casas o bajo la sombra de los árboles que se extendían por toda la calle, mientras que los pocos gatos de la zona, extendidos tan largos como eran, descansaban en sus ramas, dando la sensación de que bajo el intenso calor se habían comenzado a derretir.


Caminó hacia el refrigerador, pensando seriamente si abrirlo o no ya que no quería dejar escapar el poco frío que quedaba dentro y que mantenía frescos los alimentos ahí guardados. Se reprochaba el no tener más hielo, viendo que a penas y quedaban para un vaso con agua y que, tomando en cuenta que ésta estaba al tiempo, es decir, tibia, no durarían mucho ni harían gran diferencia. Regresó a la hamaca, arrastrando los pies, sudando, cargando consigo treinta y nueve grados centígrados a la sombra y una humedad relativa de más del ochenta y cinco por ciento. Hasta respirar le era difícil, se sentía como un dragón exhalando fuego por la nariz.


Intentó dormir para desconectarse un momento de la situación, pero fue imposible. Ni estando en la hamaca dejaba de sentirse arropado por una colcha que sería perfecta para usar un invierno en las tierras cercanas a los polos. Los segundos se hacían eternos, como si el tiempo mismo no tuviera energía ni ganas de seguir su curso bajo tales condiciones climáticas, guareciéndose en el interior de los relojes para buscar un poco de frescor. Tampoco el viento soplaba, negándose a dejar los montes y las cuevas, por lo que tener las ventanas abiertas no hacía más que dejar entrar más humedad y el sonido lejano de las cigarras que clamaban al cielo por un par de nubes.


-Pero que calor…- Alcanzó a decir, sin decírselo a nadie realmente más que a él mismo, apuntando lo evidente, pero sintiéndolo necesario para asentar el hecho de que, efectivamente, hacía muchísimo calor. Así pasaron los minutos que se convirtieron en horas, no había llegado nadie para  reparar el transformador y sabía lo abusivo que sería de su parte llamar a la compañía de luz para exigir que un par de trabajadores se expusieran al tiránico y sofocante bochorno de la tarde con sus trajes, guantes y cascos.


No supo en que momento dieron las cinco, envuelto en sueños febriles y una modorra que no le permitía más que caminar de la hamaca del cuarto a la hamaca de la sala y de regreso. Estaba tan absorto en evadir la incomodidad que ni cuenta se dio de que habían empezado a aparecer nubes grises en el cielo, invocadas por el canto incesante de las cigarras. Cubrieron el sol, pero las construcciones seguían irradiando fuego, desesperadas por un poco de lluvia que calmara su sed. De pronto, un rayo, un trueno, y, gota a gota, la llovizna fue descendiendo, evaporándose al instante que tocaba cualquier superficie para después de unos minutos, ganar la batalla y enfriar las rocas, el suelo y los techos. Las precipitaciones se quedaron hasta caída la noche, dando un respiro a los habitantes de la zona.


A las ocho y media, con la calle mojada, con las plantas alegres, con las luciérnagas preparando las alas, con un clic y un zumbido, el ventilador del techo volvió a dar vueltas.

6/10/21

Espíritu

Tres intentos y fracasé en escribir algo para hablar del espíritu. Lugares comunes, metáforas quemadas y usadas hasta la náusea, dramatismo innecesario, romantización insípida. ¿De qué puedo hablar sin sonar a todo lo demás que ya se ha dicho de un tópico tan socorrido, presente, humano, necesario?


¿Cómo dibujar una rosa original?


Lo intenté tres veces y tres veces me detuve. “Que aburrido, que común, que cliché”. Tema universalmente presente, generador de magia, creencia y práctica, principio estructurador en torno al cual construimos, ya sea en relación, ya sea en oposición.


Alma|cuerpO

                    Ultraterreno|terrenaL

                                                  Metafísico|materiaL 

                                                                           Sagrado|profanO 

                                                                                                    Etéreo|tangiblE 

                                                                                                                       Inefable|concretO


¿Cómo escribir algo, plasmar en palabras, traer al aquí-ahora, un fenómeno que escapa al entendimiento, a ser tocado y descrito, solo susceptible a ser experimentado como qualia pura? Tres veces lo intenté y falle, cuatro con esta, que no llegó a ningún lado, sino que dio vueltas, persiguiendo su propia cola.


Tal vez, cuatro, tal vez.


Tal vez, es que aquello proveniente de esa otra esfera lejana, simplemente no desea ser el tema, sino usar la pluma, que mi cuerpo terrenal, material, profano, tangible y concreto sea, tan solo la interfaz que requiere para traer un mensaje desde sus insondables dominios.


Tal vez solo tres.

5/10/21

Cuervo

 Entre la vida y la muerte te mueves, heraldo del atardecer, 

con tus alas negras que bajo el Sol que desaparece, 

irradian iridiscentes azules y púrpuras.


Mensajero de dioses y brujas, 

miras atento desde lo alto de tu rama, juzgando a los terrestres, a los atados, 

no como tú, que recorres valles y montes,

buscando llaves para abrir las puertas del inframundo.


Consumidor de cadáveres, 

le das nueva vida a la carne fenecida,

 resucitando al fallecido, 

llevando al cielo al finado en tu vientre, 

arrancándole de este plano, acercándole al paraíso.


Ave, que de mal agüero dicen que eres, 

que contigo cargas infortunio y sufrimiento.

 ¡Injusticia! ¡Infamia! 

Que siendo portal y puente, entre el cerca y el lejos, 

te señalen y acusen de ser culpable de desgracias.


El día que mi cuerpo decida que es hora de dejar mi alma libre, 

ven por mí, dulce embajador de las constelaciones ocultas,

llévame a tu reino, en tu pico, en tu sangre, en tu canto.

Template by:
Free Blog Templates